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jueves, 18 de junio de 2009

El fin de dos mundos



























Si bien mi memoria no admite esos días, como ninguna memoria al cabo lo hace, todo sucedió una misma jornada.
Toda tragedia admite signos antes de consumarse; descreo del valor de lo inesperado. Un 16 de junio se materializó el final de un presagio. Inminencias aparte, detractores y apologistas convergieron en un gran sainete que derivaría en la más sanguinaria y bestial restauración conservadora de la Argentina. Uno de los desvelos de quien escribe (no soy el único) es el interrogante de la base social o la sociedad civil que miró aquellos hechos sin proclamarse de manera mas rígida por la posibilidad de autodeterminación aun cuando fuera en el orden del sistema democrático burgués. Tal vez la contestación esté en el aval pasivo que hoy prestamos a diferentes cuñas burlescas. La operación que concluyó en el bombardeo a Plaza de Mayo sí admitió, en sus pormenores, un cariz inopinado. El contraalmirante Samuel Toranzo Calderón resolvió adelantar las operaciones al ser advertido por los Servicios de Inteligencia Navales de que su implicancia en el movimiento sedicioso había sido descubierto por la fuerza aérea y aprovechó el desfile aéreo naval en desagravio a la bandera. Los participantes, declararon algo verdaderamente desopilante: el delito buscaba la vejación psicológica contra la administración peronista pero las bombas operaron sobre la carne. la escuadra de treinta y cuatro aviones de la Marina de Guerra argentina que había estado sobrevolando la ciudad desde hacia bastante tiempo (22 North American AT6, 5 Beechcraft AT-11 , 3 hidroaviones de patrulla y rescate. Consolidated PBY Catalina), iniciaron sus bombardeos y ametrallamientos en la Plaza de Mayo. Arrojaron 9500 Kg. de bombas, causando la muerte a 308 personas y heridas a más de 800. Colapsaron los hospitales y la tragedia sería el antepaso a la comedia que se desarrollaría durante 18 años hasta culminar en el regreso.


Eso inició, como lo refiere Vazeilles, una pendulación de apoyo a los gobiernos civiles y militares que Perón operó desde el exilio. Verdaderamente el péndulo tenía su raigambre económica: las dos subestructuras (la agraria y la industrial) y su relación viciosa. Esta compensación recíproca que requería el sistema para pervivir, fue la mayor responsable del delicado desequilibrio que en algún punto algunos describían como la justa medida.
El terrorismo ya era una práctica habitual de la oligarquía. Esta vez la ocupación del estado admitía la hipótesis de que sería la cúpula militar sintetizada en los altos mandos de las tres armas quienes operarían en la toma del aparato del estado con una incisiva participación política de las fuerzas armadas. Si bien durante el fraude, las roscas, marchas y contramarchas habían servido correctamente los intereses oligárquicos, el bombardeo señaló la madurez de las fuerzas armadas, ya no para dirimir el gobierno a favor de una u otra facción de terratenientes de las grandes familias sino para ocupar el estado asumiendo la representación política de aquellos. Señalaron también, de manera extrema y precisa, hasta donde pensaban llegar. La continuidad democrática constituyó una entelequia. Fue el fin de un mundo.

El otro es más personal y se produjo 44 años después. Nadie lo sabe con certeza pero,tal vez, la asimilación de aquel final estaba en la memoria de quien determinó el segundo. Hace un tiempo imaginaba literariamente un encuentro. El tiempo no corroía el vaho de las ventanas y un joven podía verse a sí mismo en horas perdidas de la tarde, en una pequeña casa del conurbano, en una habitación inmemorial, en una siesta eterna. Podía creer que era feliz y que los instantes se volverían eternos con solo pensar que así serían. Podía creer que las ruinas jesuíticas remontaban a un lejano Imperio y a las Compañías de Jesús y que aquella pesadilla había terminado por siempre. Podía imaginar que recorría tierra roja con lo pies descalzos hasta la pequeña carreta que él empujaba hasta la casa. El 16 de junio de 1999 ese mundo, mi mundo también acabó.

domingo, 10 de mayo de 2009

Fue maravilloso aquel año


Al fin el tiempo nos reunió /como a planetas que orbitan. /Coleccionabas soles, me dijiste, /te enseñé mis heridas. /Tú te soltaste el pelo /y amarraste las horas con tu cinta.

Fue terrible aquel año, morían niños en África. /Y aquí mismo en mi calle mataban a un mendigo sin patria, /a una infeliz prostituta, a una esposa maltratada. /Terrible fue aquel año, los Balcanes humeaban.



En el 2005 algo sucedió. Era mi primer año en la facultad de Sociales. Tras la quietud incontenible y opresiva de Paseo Colón, de mis intentos perdidos persiguiendo una inconcebible estrella polar en los pasillos de ingeniería, vislumbré mi destino para siempre. Recuerdo la noche exacta en que resolví desertar. La pena de quienes acertaron a oír mi resolución y alguna que otra insatisfecha hondonada en que se filtraban el rocío y la incertidumbre.

El mundo era una pesadilla. El 27 de noviembre un desenfrenado e incontenible malestar se desató en Francia tras la muerte de dos jóvenes musulmanes que huían de la policía en Clichi-Sous Bois al este de Paris. Conmoción que alcanzo el punto máximo después de las declaraciones del ministro de defensa de Sarkozy que apuntó descortésmente que los primeros manifestantes no merecían mas que la nomenclatura de escoria. Los automóviles particulares se consumían entre llamas en las pantallas del telediario y una nostalgia inverosímil por el mayo francés invadió a los antiguos partidarios de Daniel Cohn Bendit. Los muchachos huían en el fragor de esa paranoia colectiva que afectó a Europa tras los atentados en Madrid y Nueva York, agravando las tensiones preexistenntes entre los europeos y sus inmigrantes, reavivando el antiguo espectro de la Europa nacionalista.

La invasión a Irak cobraba mas víctimas entre civiles y milicianos norteamericanos y el huracán Katrina vapuleaba a New Orleáns donde centenares de hombres y mujeres abandonaban sus hogares y reclamaban socorro al gobierno de Washington. Una vez mas quedo claro que existen dos clases de ciudadanos incluso en el país autoproclamado como la mayor democracia del mundo.
El 19 de abril Joseph Ratzinger era ungido Papa de la Iglesia Católica con el nombre de Benedicto XVI. En lo sucesivo las posturas oficiales de la iglesia avaladas por el sumo pontífice han conocido los rigores de la edad media y el mas rancio de los conservadurismos. Su predica contra el Islam y los métodos anticonceptivos devolvieron a la doctrina cristiana a su expresión mas primitiva y paradójicamente mas verdadera.

El 23 de marzo los científicos nos anuncian el avistamiento de luz de planetas extrasolares, avanzando en la presunción de Michael Mayor y Didier Queloz quienes a través de un método indirecto de detección descubrieron el primer planeta de esta clase en 1995.
El primero de marzo era elegido Tavaré Vázquez presidente de la republica oriental del Uruguay consagrando el primer gobierno de izquierda del país. Luego con sus intervenciones en materia internacional y en el ya celebre conflicto del río Uruguay en torno a las pasteras, demostrarían cabalmente que esta solo era una nomenclatura vacua.

El 16 de febrero se firmó el acuerdo de Tokio con el objeto de acordar la reducción de la emisión de gases que provocan daños irreversibles en la capa de ozono. Estados Unidos lo firma pero rechaza su ratificación movido por el claro e indeclinable dato de que es el mayor emisor de estos gases. Los intereses de un sector productivo nuevamente se imponen bajo presión al bienestar del hombre.

Los hombres continuaban persiguiendo quimeras insaciables. Las hendijas de mi ventana suspiraban el ánimo de los días soleados de un caluroso abril que delataba que los veranos son cada vez más largos y continuos. También más fatigosos. En ese mes la conocí. Por casualidad, como sucede casi todo en esta vida. Fue una mañana algo fría, los estrépitos, las bocinas de la avenida, las miradas y los rostros apacibles se detuvieron; yo sabía que ella estaría allí, solo que aun no la había visto tampoco la conocía. Quien la había llevado hasta ese lugar nos presentó. Ella no tenía mayor motivo para estar allí era, ciertamente, un sinsentido. Sin embargo ahí estaba, con su sonrisa agigantada y su mirada tímida y curiosa a un tiempo. Nadie puede saber cómo uno mira al otro por primera vez cuando lo conoce. La habré observado con asombro, con ansías, con el corazón bullendo exaltado, con los ojos desaforados y dichosos. Hubo algo en ese primer encuentro que me dictó un presagio. Presagio que hoy cuatro años después conservo. Hablando con ella en la estación, el sutil espejismo amarillo de su pelo y su talle ínfimo y preciso hicieron que el aire de ese abril tomara la forma de una utopía básica.

De alguna manera el arremolinado camino de las hojas muertas, de los árboles desfalleciendo en mitad de la acera, esa calle que, como puñal, hería la vías del ferrocarril, fueron una buena noticia. Te conocí y esta vez los trenes paraban en la estación. Cuatro años han pasado de ese prodigio. Ciertas canciones tomaron tus nombres. Ciertas intermitencias vedaron nuestras voces. Habremos batallado contra la soledad y habremos perdido. Firmamos papeles despenachados. Dilapidamos soles. Cubrimos de gritos las plazas y de llantos inmensos los cuartos. Habré sentido la cadencia de tu voz cuando tu nombre me volvía en aquel pasaje de Ana volverás a escuchar/ las piedras que contra tu ventana /lanzó la felicidad. O en
te veo y me declaro culpable/ de desear tu presencia /más que desear la paz. El tiempo dicta que aun sigues por ahí, jodida y radiante.

Los hombres continuaban persiguiendo quimeras insaciables. Yo solamente podía verte a tí en los espejos. Todo ocurrió conjuntamente en el año 2005, desde aquella mañana de abril en la que nunca tendrías que haber estado allí pero estuviste.


miércoles, 29 de abril de 2009

Ultimo verano

Hay un agrado en observar la arcana
Arena que resbala y que declina
Y, a punto de caer,
se arremolina
Con una prisa que es del todo humana.

Jorge Luis Borges


Luna desnuda la noche en silencio
igual a un rezo sin voz
Ciegas promesas
ajenas a la flor
razón para la soledad.
Cuando un canto es nuevo
a la luz del sol y un mismo espejo
es el que nos mira.


Nos preguntamos
por qué razón
somos dos almas heridas
con signos, marcas, distancias y miedos
y sin saber qué sueños
viven detrás de este tiempo.


Perdido por perdido sea bienvenido
este amor como las golondrinas
que llegan al último verano


Señal de gracia sin luz sin descanso
lazos que no dejan salir.
Partes del viaje se pierden al fin
golpe tan duro al corazón.
Cuando el cielo nos encuentra a los dos
y todo lo que nos rodea es vida.

Nos preguntamos por qué razón
somos dos almas heridas
de sombras secretos y días que fueron
Y sin saber qué sueños viven detrás de este tiempo.


letra de Leon Gieco

lunes, 20 de abril de 2009

Casanova y Charpillon (II)

Diluido el encanto, se declara la guerra entre Charpillon y el amigo Casanova, pero él en posesión, una vez más, de todos sus medios, la ganará.

Al día siguiente logra hacer arrestar a la madre y sus dos tías para recobrar el crédito. Tras quince días ceden y le devuelven las seis mil libras. Ellas, por su parte, lo hacen detener en venganza bajo la acusación de querer acuchillar a Charpillon. No le cuesta nada probar su inocencia a Giovanni, quien dirá la ultima palabra.
Paseando por el mercado de pájaros descubre un loro de escasa edad. Decide comprarlo. Después se dedica pacientemente a enseñarle la frase:
“Miss Charpillon es aun mas puta que su madre”

Cuado el animal aprende la frase lo pone en venta a un altísimo precio en el mercado donde la adquirió. La suma pedida es tan grande que atrae a los curiosos. Muy pronto, la frase se hace célebre en toda Londres. Charpillon se limita a reír levemente al enterarse pero su madre y sus tías se ponen furiosas. Los abogados de la época con gran sensatez les advierten que no hay ley que castigue las infamias de un loro. Finalmente un amante de Charpillon, que la entretiene solo pasajeramente, compra el animal. Casanova concluye el romance con estas palabras: “esta travesura puso fin a mis tratos con la coqueta, a la que después encontré en Londres, en los paseos y los espectáculos sin acordarme siquiera de todo cuanto me había sucedido por su causa, hasta tal punto que ya me era indiferente.”

Diez años más tarde, Charpillon se convierte en la amante del político John Wilkes que al año siguiente sería lord mayor de Londres. Con el político panfletario, virulento, Charpillon siente una admiración sin límites y se somete. No obstante, cuatro años mas tarde Charpillon debió interesarse demasiado por otros sometimientos. Wilkes se despide con una carta que hubiera causado gran placer a Casanova.
“Señorita: las últimas palabras que me has hecho el honor de dirigirme fueron: Señor has llegado a ser tan odioso como mi madre. Ya sabes lo que pasó el domingo por la noche.
Las lamentaciones son propias del fatuo,
El ruido del necio,
El hombre honrado y engañado
Se aleja sin decir palabra.
¡Adiós!

La historia de Casanova y Charpillon se refleja en buena medida en la novela de Pierre Louÿs La femme et le pantin donde el protagonista goza de mayor fortuna que el amigo Giovanni.
Así concluye la historia de un Casanova seducido, celoso y ridículo aunque también absolutamente enamorado y envuelto por el hechizo insustancial de la pasión que le inspiraba Charpillon. Amor decepcionante que incita en Casanova su mayor astucia y el anacrónico eco de Lacán que lo hubiese prevenido la mujer no existe (la mujer como generalidad quería significar o hubiera debido), haciéndole comprender que ciertas llaves no abren ciertas voluntades, ni espantan a antiguos fantasmas o sus costumbres.


Compendiado, adaptado, arruinado y garabateado de Casanova, una vida de placer de Ned Rival

domingo, 19 de abril de 2009

Casanova y Chapillon (I)

Casanova conoció a Charpillon cuando esta tenía apenas doce o trece años. Su abuela le hizo agarrarse una rabieta cuando le negó una chuchería y Casanova en un impulso de hombre galante, que prefiere evitar el llanto de una niña, se la compra para luego obsequiársela.
No supo nada más de ella hasta un tiempo después. Charpillon se había convertido en una exquisita mujer de pelo castaño, con ojos color miel, piel severamente clara, senos redondeados y gentiles que impactaron de manera honda a Casanova. La familia de Charpillon, madre, abuela y sus dos tías, era una familia de prostitutas bastante conocida en Berna. El gobierno helvético enterado de que se las calificaba de chourren, putas en castellano, les ordenó que abandonasen la ciudad, ofreciendo incluso pagar los gastos del viaje. De esta manera arriba a Londres, la hermosa Charpillon que hará quedar como un idiota al brillante seductor.


Casanova estaba confiado en que no le sería difícil hacerse de los favores de Charpillon que, según refiere, desde el primer encuentro le ha robado el corazón. Pese a los consejos de sus amigos que lo ponen en alerta acerca de los hábitos de Charpillon, él prosigue en la empresa. Si bien le concede cien guineas con el pretexto de lanzar al mercado un bálsamo de vida cuyo secreto posee la abuela, no le permite ninguna intimidad se niega a que le agarre de la mano cuando intenta besarla. Casanova, molesto, perplejo, asedia a la muchacha. La va a visitar con frecuencia a su departamento del Soho donde mora con su madre, su abuela, su tres tías. El instinto de Casanova podría haberle advertido pues reconoció en la parentela de Charpillon a quienes él hizo un préstamo de seis mil libras que nunca le devolvieron. No obstante, olvidaría todo si el gesto favoreciera sus escarceos con la joven. Tan pronto habla de dinero, Charpillon lo frena en seco proponiéndole que la conquiste como un amante razonable y no como un bruto. Y Giovanni la visita cada día como su prometido.

Lleva siempre un regalo. La saca a los espectáculos y a largos paseos por la campiña. Por todo consigue besarle la mano, aguardando que pasen las dos semanas de cortejo que ella le había propuesto. Ultimo día de la penitencia: esa noche sería suya cuando le entregase cien guineas a su madre. Charpillon no se entrega a él: “apenas se mete en la cama, me acerco a ella para estrecharla en mis brazos, pero la encuentro peor que vestida. Acurrucada en la larga camisa, con los brazos cruzados y la cabeza hundida en el pecho, me deja decir todo cuanto se me antoja.”Ante esa rechazo la pasión de Casanova se convierte en furia, le desgarra la camisa y llevándole las manos al cuello, se siente tentado a estrangularla. Recordando treinta años después alega: “Noche desoladora, noche cruel durante la cual hable al monstruo en todos los tonos: dulzura, cólera, razón, desesperación, ruego, lagrimas, caricias y atroces insultos…”
En otra oportunidad Chapillon lo atrae en el césped de un parque y al resguardo de los matorrales finge casi entregársele. Induce hasta tal punto a Casanova que éste loco de rabia con el corazón tumultuoso, saca un cuchillo del bolsillo y amenaza con degollarla. Elle se escapa y se unen a sus acompañantes.Algún tiempo después Charpillon le propone otra cosa: solo aceptaría intimidad con él fuera de su casa y de la casa de él. Casanova alquila entonces una casa en Chelsea y entrega la letra de cambio por la deuda que tenía contra su madre y sus tías. Ella ofrece como pretexto una indisposición natural para no cumplir la promesa.Escaso de ingenio, Casanova saca a relieve la charada, la abofetea y la saca a patadas de la cama cubriéndole el rostro de sangre. El propietario se la quita de las manos antes de que vaya más lejos.

Una semana mas tarde lleno de arrepentimiento se pone de rodillas ante aquella a la que quiere, según el caso, estrechar en sus brazos y estrangular. “Como me moría de deseo de volverla a ver entre mis brazos, dulce y acariciadora como la había tenido, le envié un servicio de café y te de porcelana de Sajonia, para doce personas, escribiéndole la esquela de amor que me convertía en el mas cobarde de todos lo hombres. Lo mismo que el perdón de la deuda, no doblegó a Charpillon. Entonces Casanova exige que le devuelvan la letra de cambio a lo que la madre de Charpillon respondiendo por ella alega que se la devolvería en persona cuando se comportara de otro modo y aprendiese a respetarla”.

Al leer esas insolentes palabras, Casanova se precipita al Soho para hacerse devolver lo que se le debe. Pero cuando llega de improviso descubre a Charpillon con el peluquero. Casanova empieza a regar de bastonazos lo que encuentra: la espalda del peluquero, el servicio de Sajonia; Charpillon se arroja al otro lado del lecho, luego desaparace. El peluquero también. El caballero reclama sus letras, a lo que la parentela de Charpillon, atraída por el escándalo, le dice que ellas no la tenían sino la muchacha. A consecuencia Casanova permanece postrado en su casa varios días, sin oír hablar de aquella a la que no puede dejar de amar. Le llegan noticias: Charpillon se halla en grave estado. Después de lo sucedido tiene fiebre, delira, grita sin cesar ¡ahí está Seingalt! ¡ahí esta mi verdugo! ¡Salvadme! quiere matarme. Giovanni se desespera y envía a un criado para ver como sigue, hasta que decide el mismo apersonarse en la casa. La madre le dice que ya no hablaba y que dentro de una hora o poco mas moriría.

Casanova llega al colmo de la desesperación, no ve otra salida que el suicidio. Vuelve a su casa pone en orden sus papeles, su testamento y sale con la idea de arrojarse al Támesis. Compra plomo en una tienda para hundirse. Esta determinado a morir. “Me alegraba de tener la equidad de castigarme, reconociéndome culpable del imperdonable crimen de haber detenido el curso de la vida en el encantador objeto que la naturaleza había creado para el amor”.Un joven ingles lo encuentra, lo ve triste y lo invita a acompañarlo en la velada de la cena. Casanova seguía desolado. Ambos terminan en un baile público. Una de las que bailaban atrae la atención de Casanova. Parecía ser Charpillon pero ¡no podía ser! ¡era imposible! y sin embargo lo comprueba ¡era ella! la que estaba ofendida e iba a morir por su desatino. Se produce en él una convulsión. Trémulo de los pies a la cabeza, el corazón le oprime el pecho. Parece que ese paroxismo lo llevará a un desenlace fatal. Todo lo contrario. Le invade una súbita calma. ¡Curado! Su afección se cura. El amor abandona su corazón. El encanto se ha desvanecido. El hechizo que padecía roto.

jueves, 16 de abril de 2009

Habla laura

Este poema un tanto sesgado, otro tanto doliente consta en El libro del fantasma. A veces, sospecho, es irreprimible no hallar en los ultimos tres versos una verdad irrefutable mientras los primeros parecen ocultar mas de lo que sugieren. Las responsabilidades del poeta, la voz ausente que en su réplica podría conjurar cada verso, cada afirmación, dictan el reverso de cualquier homenaje. Mas que nada agitan el filo de la distancia, de la ausencia, de lo que el cosmos ofrece a cada momento y en todos los sitios.


Yo que sostuve la agitada trama
del verso escrito al borde del abismo,
siempre volví la espalda al cataclismo.
Yo soy la que no está. La que no te ama.
Yo que alumbré con pertinaz ausencia
tu visión de poeta endemoniado
respondí a cada agónico llamado
con la misma estelar indiferencia.
Soy Hidra que venció, fiera salvaje
que al héroe despedaza y atormenta
pero recibe a cambio un beso tierno.
Te pregunto: ¿no es cruel el homenaje?
¿No esconde acaso la mayor afrenta?
Muchas puertas, mi amor, dan al infierno.

Alejandro Dolina

miércoles, 15 de abril de 2009

Creo que todos albergamos en el corazón a una Chichina a la que nuestro adiós (o el suyo) nos laceró con su gélido restañar de mañana de inicipiente invierno. La mía es anónima, vano fantasma de niebla y luz, diría Bécquer, intangible, inmaterial, aunque no menos verdadera que la del Che.La feliz conjetura de sus lágrimas me es ajena; intuyo solo un ánfora, quizas la sangre vertida en remotos imperios y en remotos ocasos.
El homenaje es doble; la pericia, me temo escasa. Sin embargo, queda como consuelo el instante de la crisálida, de la palabra erigida en horas de cerrazón y letargo. Esa impronta, acaso, constituye y establece el vasto recorrido de los consignados versos , un poema que en labios del Che sería la épica de una Latinoamérica herida, el excelso epílogo de un trozo de dos vidas que se juntaron en un momento, con identidad de aspiraciones y proyectos y un amor inclaudicable por la ruta. En mi derecha mano, en cambio, sólo vocifera los ecos de una imago, el sórdido retazo del libre albredío y de la cara mojada en un estero alucinatorio.

A Chichina


Solo avizoro un mar remoto en huida plena,
las promesas postreras, tus labios en los míos,
el hálito compartido, sereno, absorto,
y ahora sé que eran el preludio de la pena,
filtrada por la alucinación de la voz y sus bríos.
No cambio nada, ni el extenuado pasaje
por el desierto de Atacama, ni la tertulia improvisada
con los trashumantes mineros,
que secretamente presagiaron
el sendero diverso.

Y, sin embargo, en el Machu Pichu,
en el revelador leprosario de San Pablo,
tu rostro me perseguía, incansable,
mientras mis manos desprendiendo versos
se perdían como naufrago sin faro
en la búsqueda del vocablo impreciso .
¡Si te rozara apenas mi llanto escondido!
Te odio y te amo con el fulgor
de la aurora no exonerada,
y sus dagas me impregnan con dolor
los incesantes crujidos de tu voz,
aparecida y antedicha,
ahora vedada.

Recién en Caracas tus senos conjeturales
desaparecieron por siempre de mi memoria
hundidos en el lejano lupanar de la razón
que constituyen lejanos, infinitesimales arrabales.
Y son últimos.

Sucesivamente mi memoria evocó otras memorias,
fui tal vez otro hombre,
y Chichina perduró en la eternidad del anterior.
Fueron suyas las ínfimas cavilaciones, las escorias,
mi pulcro y sublime estertor,
las dubitativas concepciones del estudiante,
sus erróneas e infantiles ilusiones.

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