jueves 3 de marzo de 2011

The greek fear (III)


La locura griega.



“Bálsamos con hojarascas, efímera nieve cristalina que serpentea entre los techos, que se desliza, se adhiere y cuyo final de agua desprevenida desbarata el frágil tendal de generoso blanco. Excitación. Frenesí. Colirio. Variada naturaleza de pájaros migratorios que sobrevuelan con suma pereza y rehuyen apremiados hacia opuestos hemisferios, rugido de alas, Tibios llantos nocturnos de cebolla y pan, roces húmedos, murmullos, aromas de fresias inmaduras o solitarias, breve descanso constreñido, no saciado desnudo, luz de luna roja del ancho de siete mares, timorato capitel de mazapán que levita y flota y levita al desintegrarse entre llamas errantes de cierto terreno bajo. El coral envuelto por cenizas, el firmamento opaco y a la vez resplandeciente, un aceite que discurre entre dinteles y columnas de corintio, humo de leña verde crujidos de metal cobre, chapones, agrios desfiladeros y peñascos mas allá del ardor extático de la zarza, Leviatán blandiendo sus brazos sobre explanada de un territorio desierto árido inmemorial, superpuestas serpientes de diverso color, la sombra de la senectud proyectada por la furia diáfana del hollín moribundo, embravecidos leones, la moneda de dos caras simultaneas, el molde y la huella translucida de la precipitación, jubilo místico, farsa, drusos y centuriones, perversos y lujuriosos, Argon, Progal, cuña de civilización áurea, pregón de la mañana, fénix de los Cárpatos. Prosaica culpa del pueblo.

La enumeración admite al cosmos, su cifra, la vida de un hombre, sus antepasados y vástagos. La enumeración es al fin la letra de una página, de un párrafo, de una oración, de la palabra y de la silaba, es el universo con sus multiplicados juegos de vacío y su invariable helio.

La guerra acabó, la efigie del combate es una construcción metódica y baladí. Ardua pesadilla de trémulos hombres demasiado prolijos y demasiado culpables. Y usted dirá ¿Culpables de qué? De todo y de nada, de los cielos, acaso, de la convergencia y su azar.

Redacto creo con voz ya áspera vastas colecciones de sustantivos modificados por el tiempo y por la lengua. La mera posibilidad de su elaboración me satisface y agobia, me entristece y acaso sea por compulsión que ubico el sentido desprevenido de tales argumentos. Las jerarquías son leyes inquebrantables, posturas que se suceden con la técnica y la tradición de las letras anónimas.

Los límites de lo privado son demarcaciones desesperadas del caos. El ejército por las tardes cruzaba la cañada, retornaba a lo sumo, y se apostaba en la ciudad.

Custodiaba Luxen la alababa con sus infinitas expediciones su presencia continua, la constante impresión sobre el terreno blandecido por las aguas y las viudas gimoteban frente al umbral y se guarecían del gélido rumor de la ausencia.

Algunos reclutas lograban despojarse de la memorable y patética epopeya de Jasak, pues cada línea de aquella era lastimosa y les inspiraba una íntima e indeclinable vergüenza; otros la padecían y la reputaban infructuosa. Los calzados se añejaron y las estrechas calles se erosionaron por el repetido sello del pie cubierto por el cuero. La noche era noche en virtud de ausencia de luz y no de la quietud o el amparo de la consabida oscuridad formaciones milicianas exoneraba cada rincón del metódico silencio de lo deshabitado. Y aquellos hombres no diferían mucho: imperaban en el cobre y la plata, en los montículos incompletos de las tumbas, en lo pasajes huidizos del horizonte

Se oficializó el sacrificio. Es común ver en pleno día a los niños hendir la hoja del cuchillo, blandirlo y hundir su profundidad en el lomo del venado o el caballo para de algún modo secreto conjurar la época aquella, los persistentes destellos de la furia de la invasión. Se ofrecieron danzas y pequeñas embarcaciones de tela y madera provistas de autónoma lumbre a la divinidades del mar y a aquellos otros que pertenecen a la remota y artificiosa curva del espacio.

Ciertos comunales arrepentidos y hastiados entrevieron los ademanes propios de las muchas frases entrecortadas de Jasak incluso el pecho curtido, las comprensibles debilidades y declinaciones de quien dispone de la sucesión y no de la eternidad.

Por su parte, los muchachos guiados por idéntica precaución o remordimiento solicitan el retiro de las tropas mayormente a los diez años de cumplimiento efectivo, si no eran antes beneficiados por sorteo anual que los dispensaría a la sociedad civil.

No obstante los hijos de aquellos esperarían por el rigor militar. Se los entrenaría para ser guerreros, aprenderían la vigilancia y la delación. Aguardarían una nueva invasión del reino.

La última acaeció hará un año. Los carros se avizoraban a leguas. El ejército respondió con eficacia. La misma o proporcional a la que había imperado en la recuperación económica del estado y al ejercicio nuevamente de la prosperidad. Siete días les bastaron para repeler la invasión.

No obstante no son pocas las veces que entrevemos el signo de un campamento o el curvo de detalle de las herraduras desperdigadas en las cercanías de la ciudad. La sangre de los civiles se hiela por entonces. Los soldados inmediatamente se aprestan para la batalla. Ese movimiento ya es conocido por todos y las semanas transcurren entre preparativos de guerra o el temor de la infame proyección del reino. No es extraño notar lo siguiente: los habitantes de una pequeña cabaña (lo refiero así para simplificar) salen, vociferan, en voz alta a la nada. Sus ojos están completamente vacíos, miran a un punto lejano del espacio, miran sin ver la sombra de los objetos o la proyección. Murmuran cosas, fragmentos de antiguos ritos o canciones de hechicería, casi siempre carentes de verbos de estilo o de cohesión. Algunos cantan marchas olvidadas y recitan palabras desordenadas y por demás extrañas. Los he visto retorcerse, bailar, sacudirse frenéticamente entre el césped recién regado y agitar las manos con las palmas abiertas de derecha a izquierda, de arriba hacia abajo, y cerrarla en un puño sólido, golpeándose frenéticamente en forma de coscorrón la frente y los pómulos.

Se balanceaba también y acaban cayendo de bruces boca abajo y aúllan y ascienden el iris a la altura de los párpados. La boca les tiembla y los labios lacerados por el continuo roce de los dientes que rechinan sangran con imparable impudicia. Puede ocurrir que entre gesto y gesto, tomen la espada que transportan en el cincho y la alucinación les pierde. Gritan y se prosternan agitando el sable con bruta fuerza. Ven a un vecino, a un compatriota inocente que sale a trabajar la tierra, y desesperan. Al grito de ¡invasión, invasión! se abalanzan sobre él y le atraviesan el filo por el vientre. La víctima puede ser un vecino, un hijo e incluso la esposa o los hermanos, el primero que encuentran.

La contienda entre dos no ha sido menos violenta pero si mas reñida. Presos por la locura y la paranoia antiguos vecinos, parientes y amantes se desgarraron el uno al otro, imbuidos por el demencial espejismo del invasor.

La locura es el reino de Luxen; el invasor y el rey han perdido la batalla, han sido anticipados por un adversario mas implacable e impertinente: el terror.”

El dueño de la cabaña luego de finalizar el relato quedó completamente ensimismado, recostado contra la pared. Schmitdl logró erguirse y caminó unos metros hasta la puerta de la cabaña. Observó a un hombre que hablaba con la vista enclavada hacia el firmamento, escupía y maldecía, alzando repetidamente los brazos. Comenzó a flexionarlos, luego, con frenesí. Después corrió hacia la lejana perspectiva del bosque. El forastero Schmitdl, impávido por el asombro atravesó el umbral, abandonó la casa y con la atención puesta en aquella espectacular huida, permaneció de pie hacia la dirección escogida por el nativo de Luxen. El rumor fue breve, imperceptible. La atención dispersa en aquel raro acontecimiento solo le permitió percibir el contorno breve de una sombra, moviéndose espasmódicamente, que se le acercó por detrás. Acaso también el frío recorrido del acero que le desgarró la carne y los huesos a la altura del abdomen.

miércoles 2 de marzo de 2011

The greek fear (II)


El círculo corredizo

“Las tropas de Jasak, dilatadas primero contra las márgenes del río y los imprecisos límites del estado, procedieron a clausurar los resquicios que separaban las diversas formaciones. La figura era la de una soga ejemplar buscando la garganta ya seca y contraída del ajusticiado.
Jasak condujo a las filas desde el centro austral, dispensando en cada punto cardinal sus comandantes mas destacados. Ellos, absortos en el invisible contorno del círculo, jamás perdían de vista la cercanía de las filas de apoyo. Finalmente por la voluntad de Jasak todos se hallarían en un centro."
"La lucha fue despareja, anárquica por momentos. Los hombres se deslizaban uno sobre otros. Las tenazas, sin embargo, no tardaron en deshacerse. Los guerreros que procedían de la capital redoblaron esfuerzos y estrecharon la mano victoriosa de Jasak en solo dos meses. Recién a la noche siguiente sobrevinieron los festejos. Los comunales, máximas autoridades del estado, celebraron a Jasak y a sus hombres con un agasajo de carnero y cebada. Se organizaron bailes, se repartieron ósculos y el alcohol se mezcló con la infinita trama de la noche. Antes de que acabase la horrorosa copa alzada por el general en el brindis de la incoada victoria, una intachable dosis de arsénico hizo efecto."
"El sueño de Jasak, por tanto, fue el de la primera noche tranquila y se prolongó durante largos días en un repertorio de luces difusas y escondidas. Su funeral fue omitido por los comunales que en el hallazgo del cuerpo, hallaron la sombra de una conjura. El veneno proviene de nuestras entrañas -se dijeron-. En nuestras fauces pulula la corrosión, como un fuego negro y ahogado."
"Tres días después los conjurados acometieron con ferocidad mediante los comandantes del alzamiento y sus cabos, siempre subrepticios entre los mantos de tul y el sudario de las capuchas."
"En la plaza mayor uno de nuestros jefes fue ataviado al extremo de una viga con las manos y los pies cercenados, con los ojos sin cavidades pendiendo debajo de las piernas.
Las demás ejecuciones admitieron variantes de graduada crueldad. Las fuerzas sedicentes arrasaron junto a sus ocultos séquitos la ciudad; luego consiguieron subyugar el estado partiendo del núcleo hacia la periferia"
"Un historiador refirió que el nudo, aquel noble círculo de Jasak, se invirtió, a partir de ese momento, devastando las resistencias del estado, profanando lágrimas y plegarias, escarchando el brillo de la victoria del gran Jasak con la incesante tempestad de la bayoneta y el espeso humo del fusil. Se sucedieron metáforas y alegorías que nuestros poetas aun cultivan en noches de rigurosa vigilia y malediciente estupor.
Cuando el círculo se abrió, un inmenso castigo atronó las esquelas desnudas del cielo espejado. Nuestras gentes desfallecieron ante el interminable gong de las banderas y el lastimoso aullido de los sobrevivientes. Hombres esplendorosos y valientes caminaban sobre el suelo sin alzar demasiado los ojos para no atropellar el cauteloso rastro de los miembros, piernas, huesos, cabezas despojadas de todo cuerpo. Los guerreros mas virtuosos mantenían en sus corneas perdidas en el fango, el fiel reflejo de la batalla y la brisa del sable al golpear. Algunos, los mas, conservaban en sus pies el barro de los campos y las sandalias rugosas pero sus pies no atestiguaban el torso ni la cabeza, solamente el agua del zanjón."
"Las mujeres copletamente transfiguradas vistieron de luto los veintinueve días del mes y las más jóvenes interrumpieron abruptamente el ciclo menstrual. La disminución demográfica de hombres afectó gravemente nuestra economía basada en el comercio y el acarreo de ingentes cargas de granos, el arado de las tierras sin bueyes y la agricultura y la doma. Habilitó, inclusive, la poligamia, antes repudiada por los ancianos, para garantizar la reproducción de las estirpes.
La promiscuidad y los cadáveres sin sepultura e infectados a raíz de la feroz crecida del río, propagaron la peste. Dependíamos del reino instaurado por los invasores pero las largas inclinaciones del sol debilitaron esa autoridad. Es sabido que un rey cualquier rey pondera la conquista; saqueadas nuestras bóvedas, el erario, los campos , la críptica habitación de las reliquia, su poder le pareció una arrogancia inútil y dispuso el retiro de las tropas invasoras.
El éxodo masivo fue un tanto ambiguo: para ellos significó una liberación provechosa, un alivio, para nosotros la incertidumbre y la convicción de una calamidad más monstruosa pues mientras ellos comandaban Luxen nuestras responsabilidades pudieron excusarse sobre ellos. Podíamos exculparnos de todo anhelo de resistencia en la ferocidad, el despotismo y la fuerza de los bárbaros, en la desidia del conquistador."
"Librados a la suerte y en un estado devastado y en ruinas, la prueba de la restauración fue un desafío no deseado. La involución había sido extrema pero también reforzaba un antiguo propósito de la reforma. Los comunales alguna vez intentaron imponerla a base de ordenanzas y restricciones pero ni una, ni otra, resistieron la consabida obstinación de los usos.
Borrada la antigua sociedad, sus fundamentos o la fuerza que sostenía cada una de sus hábitos meticulosos y crónicos, hallaron el curso para la próspera oportunidad que tanto habían esperado. Formularon un comunicado…”

De aquella colección de veinte apartados, la crónica rescataba dos que transcribo:

“Se procederá a la formación de una escuadra permanente para fortalecer y mantener la actual soberanía del estado de Luxen.
A tal efecto se alistará de manera automática a todos los hombres que transiten o superen el lustro, se los instruirá en la maniobra guerrera y se les prodigará el sable y la bayoneta. La deserción o la negativa a cumplir con esta exigencia se penarán con la muerte.
Asimismo el novel ejercito tendrá como providencial misión la custodia de los valores sagrados de Luxen, utilizando los medios a disposición para la pacificación y erradicación de los elementos subversivos que atenten contra la integridad de los mismos basados en la mas pulcra y honorable tradición moral y ética de los ciudadanos de Luxen.”
“Se autorizan la razzia, el cateo y la averiguación de linaje en todos los casos en que se compruebe o sospeche la violación de estos principios fundamentales del estado a fin de prevenir la proliferación de focos insurgentes que objeten o perviertan los valores de Luxen.”

"Las formaciones milicianas irrumpieron en la vida pública con gran poder. Pronto cada habitante de Luxen creyó ser partidario del reino o negó la sospecha que recaía sobre todos y sobre ninguno en particular.
Los ligeramente sospechados simpatizantes de la sedición fueron purificados por la soga y la sofocación junto a toda su estirpe, desde los remotos y desconocidos lazos hasta derramar la sangre filial más directa. Algún general confesó que la corrupción siempre filtra los linajes y que pacificar una nación equivale a extirpar las raíces pútridas que incursionan en tierra fértil y en familias degradadas para deshacer todo germen de subversión. Yo sospeché de mis vecinos y ellos de mí, como yo de mí y de mi reflejo perspicuo, imparcial en el espejo caído del arroyo. Pronto la distinción entre los sediciosos, sus deudos o allegados y nuestros mas prominentes colegas, defensores del estado y patriarcas de Luxen, se tornó confusa. La moda invitó a la horca, a las ociosas y cotidianas jornadas alegradas por el alcohol, encandiladas por conjuras ficticias, lo que en la imaginación de nuestro pueblo fue la epopeya secreta y audaz de la traición de un grupo de hombres del estado."
"En cinco meses la población femenina se redujo a la mitad por gracia de la absurda creencia que argumentaba que el comercio carnal y la hechicería incitaron a los hombres a la delicia de la sedición.En cambio fueron pocos los hombres sacrificados; el castigo más usual fue el trabajo forzoso en las caballerizas y el arado."
"La esplendida generación de Luxen se perdió para siempre. Jamás, sin embargo, pensé que los invasores del reino hubiesen colaborado en ello. Llegaron, saquearon y marcharon; una estupenda e inocente sucesión. Las gentes de Luxen se habían desvanecido mucho antes, como el suspiro se diluye entre los átomos del aire circundante, simultáneos y omnipresentes.”































domingo 27 de febrero de 2011

The greek fear (I)

La crónica original se ha perdido. El fuego o la humedad han resquebrajado sus páginas, la esmerada elegancia de su caligrafía, el delicado perfume de las manos que sostuvieron su lomo prolijo, engarzado por un esmeralda virtuoso, enérgico. No obstante,conservo aun el extasiante sabor de su prosa y trataré, en la medida de lo posible, de reproducirlo en estas líneas.
La primera parte versaba sobre geografía e intercalaba una meticulosa descripción de los bosques y las llamas que circundaban a modo de cerco el Estado. Opto por omitirla, pues sospecho que mi limitada eficiencia no hará sino malearla con heréticas tergiversaciones. Paso por tanto al cuerpo del relato.
“Schmitdl era labrador en el oeste hasta que la feroz tempestad del Cusak le arrebató los sembrados, derribó su breve cabaña y condenó a las orilleras tierras de su patria a la infecunda costumbre del páramo. No tuvo mas remedio que emigrar hacia el norte donde, según se rumoreaba, la guerra había hecho proliferar la espada y la escurridiza lanza. De formas nunca aclaradas se las ingenió para recorrer las incesantes leguas que lo separaban del centro del reino, donde abordó como polizón un barco oficial. La rigurosa travesía lo mantuvo oculto de la tripulación; apenas imperó la calma, lo hallaron en un cuarto entre la sala de maquinas y el depósito. Rápidamente realizaron el trasbordo: tomaron un bote, lo colocaron a Schmitdl y lo arrojaron a la deriva.
El mar se diluyó rápidamente y devino en río. Schmitdl soportó la llegada a tierra con las provisiones que el capitán le prodigó, tentando el alcance de su fortuna. Un ligero viento o una desdichada y distraída ribera hubieran dictaminado, sin reparos, la muerte”
Creo conveniente hacer constar el detalle de su desembarco: “El frondoso recorrido del bosque no presagiaba horizonte. Creyó sin embargo ver algún movimiento entre los matorrales generosamente copiosos de las márgenes que se derrumbaban en el lodo, a estas alturas, ingrávido del fondo.
El ulterior examen lo persuadió de que aquella agitación era fruto del aislamiento y de la propia dinámica sobre la barca. Surcó tierra ahí mismo, con trémula dificultad. Su debilidad era memorable, pese a los lentos y lastimosos pasos que ejecutó sobre la superficie ya sólida. Pocos metros mas adelante, se desplomó…”
El decurso de los acontecimientos no varía demasiado; la enumeración de astucias para procurarse la supervivencia durante esos primeros instantes es, a mi ver, poco promisoria.
Continúo con la crónica: “Lo cierto es que nada hubiese bastado de no hallar los discontinuos límites del Estado de Luxen. Sus pobladores sintieron, inmediatamente, una malévola y mórbida curiosidad por su condición y le dispensaron cuidados y la alimentación necesaria para colocarlo en pie por sí mismo en apenas dos días. Una vez restaurada la conciencia, las ratas fritas y la cebada le parecieron platos incivilizados para su paladar escasamente pretencioso. Notó asimismo un silente guardia que auditaba sus actividades aun en el lecho.
El gentil dueño de la morada le explicó: "hemos sido indagados por Ares y la invasión desplegó su sombra en nuestro territorio. Centenares de guerreros del Reino cortaron el paso de nuestros caminos, bloqueando las fronteras que nos servían de ruta comercial. Después del bloqueo lanzaron ataques furtivos y furtivas retiradas. Sé que es confuso; lo refiero más sencillo: para nosotros el enemigo era invisible o desaparecía. Sus campamentos simulaban estar abandonados y ello constituía la prueba material de aquella sensación supersticiosa que nos conminaba a equiparar su paso al paso del espectro."
"Luego comprobamos que se establecían en posiciones mas retiradas, observando el incendio, aguardando nuestra dispersión y retornaban a instalarse sobre las cenizas, emitiendo su ofensiva hacia nuestro centro y a las tropas que avanzaban mas allá del estado. Mientras, otras divisiones de sus ejércitos nos esperaban desplegadas sobre el curso del mismo río que lo trajo a usted hasta nosotros, para imitar enseguida idéntica estrategia. Entre el incendio del campamento y el asedio desde posiciones múltiples, las tropas de esta humilde nación, comenzaron a declinar los esfuerzos al quedar atrapadas por tenazas vivientes."
"Los ataques relámpagos también eran motivo de confusión pero obedecían mas bien a una lógica de rotación de sus grupos de ataque. Paulatinamente, aquello causó la anarquía de nuestros soldados y el consecuente desorden, facilitaba su captura."
"Nuestro destino estaba, al parecer, sellado. En cada campamento abandonado hallábamos mensajes, la historia de aquel imperio que prefirió arder a entregarse."
"No obstante en la capital, el general Jasak armó una resistencia heroica. Adoctrinó rápidamente a un ejército que debió atravesar los remotos parajes que los bárbaros controlaban parcialmente, procurando evitarlos."
"Remontaron con botes precarios, fabricados con caña, el río del norte que desembocaba en una de las lenguas del mar. En tanto, se formaba un frente que partiría desde la capital. Utilizó para ello el recurso triple de los Chi´n: los hombres más robustos ocupaban las primeras filas, los más débiles y las mujeres y niños se encargaban del cuidado de los caballos y el ganado para asegurar la provisión. Simultáneamente las mujeres más briosas y los ancianos alistaban la artillería, afilando los sables y remachando el servil escudo. La figura resultante fue un círculo que encerró a las fuerzas del Reino.”

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