martes, 16 de diciembre de 2008

Queridos amigos de este rincón insondable, vacío, coterraneo, no quería desagotar viejas páginas, ni mermar los suspiros de primaveras muertas.
Argüí que no es vistoso remediar ausencias con promesas de ansias, embebiendo con sangre y luz las esquirlas del tiempo y la memoria.
Descubrí en estos versos la posibilidad de mitigar estas desidias. De brindar un anhelo mas exiguo y, a la vez, más escurridizo, como un hechizo al que hay que andarlo de puntillas para no romperlo, para no difuminarlo en lo insípido, para creer y celebrarlo a luz de una estrella, al amparo de la sombra.


UTOPÍAS


Cómo voy a creer / dijo el fulano
que el mundo se quedó sin utopías
cómo voy a creer
que la esperanza es un olvido
o que el placer una tristeza


cómo voy a creer / dijo el fulano
que el universo es una ruina
aunque lo sea
o que la muerte es el silencio
aunque lo sea


cómo voy a creer
que el horizonte es la frontera
que el mar es nadie
que la noche es nada


cómo voy a creer / dijo el fulano
que tu cuerpo / mengana
no es algo más de lo que palpo
o que tu amor
ese remoto amor que me destinas
no es el desnudo de tus ojos
la parsimonia de tus manos



cómo voy a creer / mengana austral
que sos tan sólo lo que miro
acaricio o penetro
cómo voy a creer / dijo el fulano
que la útopia ya no existe
si vos / mengana dulce
osada / eterna
si vos / sos mi utopía.




Mario Benedetti

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Estracto de una entrevista Jorge Luis Borges para la revista Gente del 15 de Diciembre de 1983


"La elección del 30 de Octubre es una decisión que ha tomado el pueblo argentino. La decisión de salir de la pesadilla, de volver a la cordura, de volver al buen sentido, de trabajar y al deseo de vivir en paz. Creo que Alfonsín tiene las mejores intenciones, pero le va a resultar muy difícil. Ciertamente no le envidio la presidencia, además no entiendo nada de política. Quizá sea un error suponer que los gobiernos pueden resolver todo, más ahora con una situación tan intrincada en este país. Ha sido destrozado, está en agonía. Resultará muy difícil reconstruirlo.Pero también hay que rescatar que ahora podemos tratar con un gobierno que va a condescender al diálogo. Tendremos un Congreso donde se va a discutir. En cambio venimos de siete años con personas autoritarias e inexplicables. Insensatos que no admitieron posibilidad de diálogo.


Creo que nuestro deber es este Gobierno y la democracia sean duraderos. Creo que antes no teníamos derecho a la esperanza. Ahora tenemos el deber de la esperanza. En cuanto a mí, hace un mes el derecho a la esperanza era imposible. Podía profesarla pero era una hipocresía. No creía en ella. Ahora podemos usar esa hermosa palabra: esperanza, con sinceridad o sea a lo que corresponde, a lo que sentimos. Antes significaba un acto de fe. Pero supongo que para que todo se arregle, tendremos que esperar unos años.Y las cosas no se pueden modificar de un día para el otro, la gente está pensando en términos de días o de meses. Eso es absurdo. Todo esto será muy lento.


El nuevo Gobierno no debe olvidarse del pasado
. Debe actuarse dentro de la ley. Que la justicia no sea impaciente. Recuerdo una frase de Almafuerte: "Sólo pide justicia, pero será mejor que no pidas nada". Es una frase un poco triste. Pero en este caso si no se hiciera justicia es una forma de complicidad. O un modo de congraciarse con los culpables. Creo que esa justicia tiene que ser pública. Lo que ha ocurrido aquí es realmente terrible. Cuando Hitler resolvió perseguir a los judíos, eso se hizo públicamente. Aquí todo se hizo clandestinamente. Creo que uno de los mayores defectos argentinos es la hipocresía: no importa que las cosas sucedan. Lo importante es que no se sepa.No creo que la gente haya votado a Alfonsín, pensando en Alfonsín. Se ha pensado más bien, en el buen sentido, en la cordura, no en una persona. Aunque esa persona haya sido una providencia.



Yo le agradezco a Alfonsín que exista, pero no creo que ese voto haya sido para él. Nadie pensó, al votar, en Alem ni en Yrigoyen. Se ha votado pensando en la salvación de la patria. Además, no creo que Alfonsín quiera que piensen en él personalmente. Aquí tenemos esa mala costumbre de los líderes.El mensaje que les dearía a todos los argentinos es que esperen, pero sin impaciencia. Es el único modo de conservarnos, sin desesperarnos. Que sean pacientes y fríos. Creo que todos sabemos que nos esperan años muy difíciles, pero hay una meta. Nada es imposible. Yo personalmente me siento muy feliz. Desde el 30 de octubre, siempre digo que ocurrió un milagro. Pero al mismo tiempo, sé que esa felicidad mía tiene que ser paciente.



N.A.: No puedo añadir mas. Anhelo si existe el paraíso o si la precaución de Atilio de Giovanni se cumple, recordarme junto a estas palabras y el hombre que las pronunció, mirandole a los ojos, compartiendo un café o recitando aquel pasaje de Walt Whitman "no tengo ni catedra, ni iglesia ni filosofía, no llevo a ningún hombre a la mesa tendida, a la biblioteca o a la bolsa. Pero a cada uno de vosotros hombre o mujer lo llevo a una cumbre"
Se que nos acompañaran el Dante, mi abuelo, Don Astor y las tantas mujers anónimas que nos han enseñado de revoluciones y fatigas.

martes, 9 de diciembre de 2008

Mas allá del amanecer...


-Pero ése era su destino. Crecer y hacerse hombre.

—¡Ya lo sé! Pero qué grande era antes y cuán pequeño es ahora. Cerami dice que la continuación natural de Pinocho es La metamorfosis de Kafka, aquel chiquillo volverá a transformarse pero esta vez en un insecto. Pinocho muere y con él muere la Belleza; y la Belleza, como dice Shakespeare, atrae a los ladrones y los asesinos más que el oro. De hecho, todos quieren matarlo.

Entrevista a Roberto Benigni. Clarín, 18 de febrero de 2001



Si el hada Turchina agitase una vez más su vara y el niño se convirtiese en un insecto gigante y extraño, no quisiera pagar el precio de ser salvado.
Si una mañana despierto entre la neblina y el ensueño de la lluvia, abarrotando los cristales dormidos de mi habitación, golpea la ventana de mi cuarto y mas allá la cerrazón del invierno, reclama mi presencia mermada por la sucesión y los desengaños, no quiero ser salvado
Hubiese sido esplendido morir como un muñeco ¿Cierto? Y afirmar que en aquel entonces era tan grande y ahora tan pequeño, tan asustadizo e insignificante.


Hasta arribar a la Pirámide de Mayo hace una semana recorrí varios puntos del centro. Iba ensimismado, fustigando la acera, recordando pasados superfluos, imaginando a Hinton en la variable de modificar las escenas del tiempo. Y ese fluir de asueto que tienen las esquinas, esperaba de mi mano una novedad, una voz, que no sabía, ni podía darles. Iba al encuentro de un colega, el tano, con el que habíamos pautado una cita. Mi bendita impuntualidad hizo que nos desencontráramos y las serpientes y los muros que a la zaga seguían mis pasos dilataron aun mas mi llegada. De la serpiente ya no hablaré pues ha seguido camino hacia otros parajes más delicados de América: a Jacotenango Antiguo o a una vieja pieza de Quetzacoalt. Los muros de azul troquelados me siguen secretamente. Aun sostengo que las calles de Buenos Aires en ese calor lánguido, aúnan ciertos callejones desiertos y, en ellos, la esperanza es compartida por ninfas, espectros y aquel viejo geniecillo de Puck.


Mi colega seguía esperando y yo perdido no rebatí mi vieja costumbre de llegar tarde a los sitios que frecuento. En el camino, de paso, prefiguraba mis excusas. Aunque sabía perfectamente que eran superfluas como las milagrosas platicas con el ahora desconocido Alberto Levingston en la puerta de la facultad. Eso es exquisito. Por alguna razón me desvié del camino a conciencia de lo anterior. Solía sucederme en el barrio, en las callejuelas que lindaban la estación, en la época en que esta era la llanura redonda y reconcentrada de Wilde, y los vecinos me saludaban de torre a torre sin rejas. En aquel entonces tampoco era puntual y también solía perderme. El caso es que eludí el encuentro; siempre hay razones inconcientes y cierta voluntad que acaba por resarcir esa intuición, cuando uno la trae a colación en charlas o explicaciones. Pero de mi impuntualidad ya se han quejado tanto que evitare referir más alegatos o disculpas.


El recorrido o el desencuentro me llevó a mi lugar preferido, allí en la Pirámide de Mayo donde de refilón vi (y presagié) los vidrios rotos, los caballos, el estruendo de una secreta torre y miles de almas trémulas sacudidas por las descargas de aviones y espectros que se exhibían desde los balcones. Pise los eternos arquetipos de los pañuelos ye hice de una vez la ronda como lo hizo mi hermana, mi abuela o mi madre. Allí no me canso de anclar la mirada hacia abajo. Cuento las piedras, intuyo los triángulos que la naturaleza nos niega, derrapo en múltiples asuetos y múltiples colores que se reflejan contra el sol del mediodía.

Ese sueño o esa fiebre fue interrumpida por los murmullos y la voz en parlante de unos animadores que algo conmemoraban o exigían o exhortaban…no lo se bien o no lo supe entonces. Me acerque hasta ellos, sin ánimos de nada, y el rumor de la música aumentaba y observé una fila de bailarinas de faldas de color marrón oscuro y ribetes rojos que acompañaban los estrépitos y una vieja melodía se colaba por los aires que habían surcado los recodos de la plaza. La gente de la organización pronto se presento otra vez como si atendiesen el llamado de mi presencia. Se trataba de un acto de concientización a favor de persona con capacidades diferentes, en reclamo de sus derechos, de su existencia, básicamente en una ciudad en que se privilegian otros derechos menos solidarios, más numerosos. Vi a una serie de muchachos que se reían y bailaban en aquel momento al compás de la cueca, de la zamba y me vi a mí parado como una estaca frente a ellos.

La primera impresión fue la de alguien que encuentra algo que ha perdido hace mucho tiempo (o que, en mi caso, se resiste a perderlo del todo), algo que no puede nombrar ni cifrar, la esquirla de un pasado que ya ni se tolera como pasado. Ellos reían, cantaban, se agitaban como trémulos, sin control, sin mirar a los costados y yo seguía inmóvil mirando demasiado de soslayo, sin poder reproducir palabra. En cierto momento empecé a aplaudir y a seguirlos con la mirada con el propósito de que me contagiaran algo de esa dicha secreta. El primer impulso, acto continuo, fue agitar las manos y aplaudir y encontrar en ese aire y en esa agitación un rostro, un llanto que enjugué hace ya mucho, por nada. Uno de los niños se me acercó y me miró con sorpresa y noté que aquel tendría apenas unos años menos que yo y yo era tan ínfimo….
Rehuí, entonces, la vista con cierta vergüenza como si hubiese cometido una falta indecible, como si hubiese mirado mi cuerpo de madera desde fuera con resignación y aplomo. Solo pude, y lo admito con intima desaprobación, sonreírme torpemente, hacer un ademán para acariciarle la frente, huir de esa escena y refugiarme frente al escenario para contemplar el resto de las presentaciones, mientras miraba de reojo, con un arrebato furibundo, con la melancolía que me invade durante los atardeceres de invierno al resto la gracia de aquellos seres que yo ya ni recuerdo en mi.

Seguía observando de soslayo y seguí absorto en cuestiones vanas. El muro azul troquelado continuaba suspendido en mi mochila y la serpiente se arrastraba (conjeturo) en medio de suelo andino hasta Guajira y luego a Santa Isabel.
La continuación natural bien se sabe: el niño deja de serlo para ser un insecto como Gregorio Samsa, el postrer Pinocho.

Me es difícil creer que esta nueva metamorfosis tiene como fin salvarnos, mas bien nos cobra el precio consabido por el favor de Turchina. Ejecuta la letra chica de la cláusula. Pero al cabo, Turchina que nos salva, nos condena. Al cabo, nos depara un destino y una exigencia feroz. Y al cabo, yo no quiero salvarme, pese a los consejos o las suplicas de Turchina. Por mas gritos que emprenda por mas instancias de objeciones y reparos.
Y la noche que ella venga a presagiar con su vara el fausto gesto de mi salvación, preferiré morir ahorcado mirando en un espejo la nariz en punta crecida, el sombrero y el traje floreado. No lo se…no lo se… probablemente, acaso, Turchina ya operó en mí de un modo silencioso y mágico como acostumbra. Tal vez para evitar que me muera de pena (algo de eso sospeche en Plaza de Mayo). Pero si de algún modo misterioso, si por alguna conjura de muerte o de redención eludo el destino de Samsa, tal vez el tiempo y los muros y las alas que se agitan en plena avenida, sean un presagio propio de eternidad o de fatiga.

Tal vez sea una esperanza colectiva siempre inminente, siempre joven...
Si el hada Turchina viene a salvarme díganle que al cabo no quiero ser salvado. Que la noche será larga y el destino, una isla al girar la segunda estrella a la derecha, volando hasta el amanecer.

Consideraciones de Ocurre...

Si bien, Ocurre.. fue escrito un tanto después que Acerca... cuestiones misteriosas han querido que conste anterior a ese intento de formulación de interrogantes,que abarca tanto y descifra tan poco, tal vez por que su cometido era incitar la curiosidad y el deseo de resolución de otros.
Como fuere Ocurre adolece del mismo procedimiento que Ya ves: dos o tres epítetos afortunados que se derivan de otras composiciones poéticas; estimadas como nuestras por el uso o el discurrir del tiempo.
No obstante el énfasis aquí no está en esas variantes de la sucesión sino en vislumbrar el caracter incompatible de dos rostros (a veces me pregunto, y los versos me incitan a la inquisición, si los dos rostros no son uno y la transposición de imágenes no sugiere unidad mas que disidencia).
Ocurre... sucede de manera imprevisble y es mas bien un pálpito de naturaleza recursiva. Y, aunque me he podido reconocer en las figuras que se contraponen, acaso no he acertado en desdoblar los dos ejemplares que dictan esta composición. Advertí entonces que la pieza prefigura un solo rostro y otro, acaso simbólico, que en realidad poco se parece a aquel pero que a los fines de excitar estos versos se intuyen unánimes.
Menudo procedimiento: tal vez la explicación mas cabal sea la de la máscara. El rostro siempre es el mismo pero es secreto, inconcebible, solo vemos lo que este quiere que veamos y el término último de aquel enigma acaso sea descubrir esa cara verdadera pues con cada exaltación, con cada prueba que pasamos, una nueva máscara cae y estamos mas cerca de descubrir el verdadero cariz de esa figura.
Tambien sabemos que la postrera máscara es el fin y el cese para el caminante...

lunes, 8 de diciembre de 2008

Acerca de la edición Misceláneas de La metamorfosis y otros cuentos





"El hombre le tiene miedo al tiempo, pero el tiempo les tiene miedo a las pirámides..."


Proverbio árabe


"Que yo tambien comparto los mismos miedos, tambien busco una cinta para atar el tiempo"

Ismael Serrano


¿Cómo pude no sentir que la eternidad anhelada con amor por tantos poetas, es un artificio esplendido que nos libra , de manera siquiera fugaz de la intolerable opresión de lo sucesivo?


Jorge Luis Borges




Son las tres de la madrugada y me cuesta conciliar el sueño; algo común desde hace un tiempo.

Estoy en el living. El cafe está recien hecho y sobre el mantel se derraman las cenizas del segundo cigarrillo de la noche. Al costado, casi sobre el recodo de la misma mesa, consta un ejemplar de la metamorfosis de Kafka. Me mira azorado, mientras escribo sobre la pantalla plana con caracteres sin tinta y sin la proverbial mano derecha que en otras jornadas se empeñara en cifrar, sin mayores resultados, la página perfecta. Lo vigilo de soslayo, cada vez que vacilo; la portada verde, el grosor variable e indefinido, acaban por desviar repetidamente mi atención, por dilapidarla. ¡Se que no es excusa!; siempre, acaso, he sido distraído y por tal, mi inteligencia ha mermado bastante. A veces, pienso que esa desgracia me ha salvado de indecibles dificultades. Algun día contaré por qué. Lo cierto es que el libro no me deja en paz o , y esto es lo mas probable, mi ejercicio literario adolece de cierto pesar, de muerte y de hastío. La melodía de fondo, en breves compases unánimes, me remite otra vez a Kafka.


El buen Franz era un hombre sumamente angustiado. Borges lo refiere en innumerables disertaciones pero la mas ilustrativa nos remite al prólogo de El informe de Brodie acaso aqui como indicio literario "Los últimos relatos de Kipling fueron no menos laberíntícos y angustiosos que los de Kafka o los de James, a los que sin duda superan."
y lo alude una vez mas cuando refiere a Der process como una de la novelas mas prolíficas del siglo pasado. Aun así no pretendo argumentar la preeminencia de Kafka en el pedestal de los hombres imbuidos de una pesada carga que, cualquiera puede vindicar como interna, pero en muchos casos proviene de hechos exógenos.


La angustia, como el amor o el ejercicio demócratico, es patrimonio común. Poetas, hombres políticos y pesimistas son la esmerada máscara de individuos específicos.
No obstante, cabe una distinción: la principal y mas insoslayable angustia es, si no me engaño, la que genera el paso del tiempo. Mas allá de la opinión de los nihilistas ( de la que me desligo sin muchas reticencias) del barrio o de los torpes polemistas que sancionan este temor como prejuicio burgues, prodigando, cínicamente, el consabido alegato de la felicidad de los años plenamente vividos. Por desgracia se engañan a sí mismos y suele suceder que quienes la ignoran, la sufren aun mas a veces de un modo secreto.

Hace algun tiempo, Quino la iustraba desde una de sus estupendas piezas: una serie secuencial que muestra las variaciones que la edad depara a cada ser; uno de los personajes de la caricatura señala que el verdadero enemigo es el tiempo (y la muerte). Y vale decir que acierta el pleno. Aunque a este respecto Don miguel de Unamuno lo explica, acaso, mejor que yo.


La otra curiosidad radica en la relación entre un autor con su obra. ¿Solo un espíritu turbado como el de Kafka puede recrear las acciones de El Proceso? ¿Qué valor tiene, entonces, la afirmación acertada de que El proceso es una anticipación de la irracionalidad política y social de los años ulteriores a su publicación? El sinuoso paraje laberíntico de los relatos de Kafka prefiguran la cierta derivación de un repertorio de desleltades sociales que advierte dos dimensiones: la personal y la social. Las variantes singulares del estado de cosas se constituye como artífice en el sentido de prodigar los elementos indispensables para la obra kafkiana; esas unidades colisionan, luego, con las impresiones del propio Kafka que dependen de su característica física y mental en la asimilación de las condiciones generales, a través de diversos factores intermedios que actuan a manera de filtro y reformulación. Las huellas de Kafka son, pues, las huellas de todos los hombres que le precedieron y las de él mismo. Su obra, un artificio singular que bien corresponde a la lógica burguesa científica que cimenta el sistema judicial, o bien, a los horrores de pesadillas, de la fiebre o el espanto, de las noches interminables en Praga.


Recuerdo que cuando acabé la lectura de La metamorfosis (aun no había llegado a La condena que figura en el mismo ejemplar) solo pude pensar en la premisa de Tolstoi en La muerte de Ivan Ilich o la de Richard Sennet en Carne y piedra: el enajenamiento ante el dolor ajeno y la idea de que la agonía se erige como el paraje mas solitario que el hombre recorre, a conciencia de su soledad y de la incomprensión cabal del resto. No obstante, es el ineludible destino de los hombres y mujeres que también poseen el recuerdo de otras agonías y de su amargo sabor a despedida recurrente, interminable. Hombres y mujeres que no lograron acompañarla y que a su momento tampoco serán comprendidos . Esta sensación es la de Gregorio Samsa y la de Kafka. La certeza de una fatalidad percibida por todos, acatada por algunos y comprendida únicamente por el individuo situado en el sino de la tempestad, solo y ya abatido...


Un artista del trapecio (obra que cierra la edición) es, a su vez, la culminacion de lo que Camus en palabras de Savater nos ahorró con su muerte joven, las dimisiones de la vejez .


He cavilado mucho respecto del valor de las reminiscencias que mi ejercicio literario habilita; a veces esa prudencia ha sido mas reveladora que cualquier confesión, digna de ser escrutada por la paciencia y sus deudos. He inferido que cualquier deseo de ocultar las impresiones vivas del artista suscita indicios cabales y suscintos; murmullos que las líneas vociferan y que los puntos y las comas y las construcciones verbales acaban por gritar a los que recorren esos enigmas inscriptos a voluntades ocultas y timoratas.


El café me aguarda, ahora, con resignación. A la cansada fachada del libro ya no le interesa este inconcebible prodigio de abastracción e indolencia frente al monitor. Ya son casi las cinco. Repentinamente se me viene la frase de Aristóteles, basa cierto trabajo discográfico español. Colijo que en esta noche la esperanza es el desafortunado amante que aguarda solo en una mustia habitación de hotel de la calle Jean Jaurés. Yo sigo despierto y soñando.


N.A.: En días últimos he aprendido que lo mas terrible no es el paso del tiempo, pese a la línea miserable en las noches buscaba afirmarse en la sustancia fugitiva del tiempo (Jorge Luis Borges, El milagro secreto; 1943) y como esa sucesión y ese tiempo llevaban a Jaromir Hladik a la muerte y la inmortalidad de Los enemigos y del exámen de las exquisitas fuentes judías de Jakob Boheme, lo tétrico es traicionar esa sustancia y, en ella, la dimisión de cada uno de nosotros.
A la luz de esto parece premonitoria la cita de Savater acerca de Camus, uno de los pocos que alzó su voz ante los nacientes regímenes fascistas europeos y luego nos ahorró las dimisiones de la vejez. Nunca nos traicionó, ni a nosotros ni a sí mismo.
Supongo que cuando lo encontremos (inconcebible hoy, sino es en sueños), sostendrá su mirada ante nosotros para buscar, en nuestros ojos, su espejo.

domingo, 7 de diciembre de 2008

Ocurre...

Ocurre a veces cuando absorto,
Contemplo al rostro que odio,
que lo cubre el infame murmullo
de horas vanas
De la razón,
Y en los umbrales yacen
retazos harapientos de triángulos diáfanos
Y rústicos zapatos de punta,
paraguas de dias grises
Probos,
Refulgiendo al albur de la espada desvainada.

Ocurre a veces, cuando absorto
Contemplo el rostro que amo,
Los trémulos charcos tambalean
Y de bruces cruje
la soledad indomita de la acera;
tus ojos castaños centellean
cubriendo de vergüenzas
los rostros cobardes,
cuya voz
desconocen los muros, la empalizada
o el monumento.


Un gélido crujido
Que Dilapida la esperanza y el hálito,
el pulmón ensombrecido por la nieve,
Y severos círculos
pueblan las casas antaño de canallas
Y de espectros con cuerpos
Mustios e imprecisos.

Ocurre a veces cuando absorto
Contemplo el rostro que odio,
Las luces palpitan
Y repaso mis huellas cansadas
Aferrándome a las paredes,
A las barras, a las nubes púrpuras
Del instante próximo al ocaso.

Ocurre a veces cuando absorto
Contemplo el rostro que odio,
Que mi alma despilfarra incienzos
Y la sonrisa se desangra en un estruendo siniestro ,
Entre inifugos postes verdes
Y tripas y cuchillos translucidos
Que discurren por terraplenes hechos de barro y cal.

Ocurre a veces cuando absorto
Contemplo el rostro que amo
Que la vida intuye de antemano
Las heridas,
Y la cicatriz que besada
Se funde a la sangre,
En labios penetra,
Y en labios,
un ligero instante de eternidad acata.

viernes, 5 de diciembre de 2008

Final alternativo

“Se que un día todo cambiará, un día las cosas serán diferentes… no sé cuando; espero que mas pronto que tarde pero un día, el muchacho la encontrará en el asiento de enfrente, se acercará a ella y le hará la pregunta que siempre le hace al final de la canción y un día… todo será diferente. Un día, ella se levantará de su asiento, sosteniéndole la mirada, se acercará a él y un día le responderá de forma muy diferente a como lo hace en la canción…” de Recuerdo, Ismael serrano

No sé como empezó todo, si me lo contaron, lo escuché o lo viví. Ignoro que pasó antes, incluso nada me asegura si hubo un antes. Mucho no importa. Me cuentan que la vio, una tarde en la boca del subte en Madrid o en Buenos Aires. Que parecía una espiga huérfana en medio de la ciudad, luminosa y triste, con la mirada sombría. Se paseaba por la acera sin rumbo. Y acaso los transeúntes que fluían del sol como esquirlas moribundas, la atropellaban con furibunda impaciencia. El la vio, sí la vio, en todo su esplendor entre ese oleaje irracional, mustio, absorta o perdida y es que comprendió que todos estamos perdidos en la ciudad a la búsqueda de quien sabe que…. Asuetos de memoria, transidos, locos…entre ese fragor la vio y sé que comenzó a seguirla por la calle hasta la boca de otra estación del subte. Sin perder detalle contempló sus pasos que se derrumbaban en la acera y suscitaba la vergüenza de cientos y cientos de adoquines negligentes y opacos. Sus ojos como perlas de sol. Su pelo azabache que le traía el recuerdo del incienso y la verbena.
Tomaron juntos el subte al centro pero ella... ella no le vió. En verdad, no veía a nadie. Parecía cansada, lánguida, inmersa en un mar de aparente calma a punto de estallar. Y en el tiempo que duró ese viaje miles de pensamientos cruzaron por su mente ¿y si le hablaba? ¿ qué le diría? La excusa de un presentimiento o de un augurio era casi ridícula. Pero hay casos que son así, en el que uno ve a alguien o conversa dos palabras o se equivoca de numero y ella esta ahí y uno lo sabe y cierta nostalgia inconcebible por el pasado aparece; un pasado conjetural. ¿Nunca les ha sucedido?... Que creen que un detalle, una línea de su cara, les trae una sucesión, una idea, una fortuna y se preguntan si existen los amores a primera vista, pero… ¿es que acaso hay otros?

Ella se bajó en la ultima parada, en el centro de la ciudad y otra vez vio surgir extraños y miradas y cantos inmemoriales que emergen de lo bajo del asfalto seco. Él la siguió…la siguió por el parque, cuidando derramar su sombra fuera de los canteros prohibidos. Ella entró en una tienda de discos y él, desde el cristal del escaparate, la espió admirando tapas y aquellas viejas partituras del Cancionero. Continuó hasta una esquina y hasta un bar y hasta un enorme edificio marrón donde, luego, pudo adivinar que trabajaba. Y él a la zaga. Ella entró al edificio y durante seis horas se quedó junto a la puerta principal esperándola. No cejó de meditar acerca de si debía decirle algo, algo ingenioso o algo concreto. Bueno… mira, me has llamado la atención y puesto que soy muy distaído necesito tenerte a mi lado para no perder la memoria de tus detalles o aquello de si no me conoces, no vas a poder darte nunca el lujo de olvidarme. Pero era probable que aquella mujer no se interesara ni por su memoria, ni por el lujo. Se quedó entonces esperándola a la salida. Taciturno, vigilando cada egreso hasta que, al fin, salió. La persiguió otra vez. Anochecía. Ese remanso de la noche muerta no lo agotó sino que incitó su esfuerzo y su devoción. Se atrincheró en la puerta de su casa y al dia siguiente…y al siguiente…y al siguiente, la volvió a seguir hasta el trabajo. Ciertamente ella había notado su presencia. Advirtió que indagaba sus pasos y cada rato podía verlo ir por detrás en el subte, en la tienda, en el parque. Comenzó a sentir cierto temor, como es normal cuando un tipo desconocido te sigue. En el centro comercial, aterrada, llamó a la policía y le echaron y le rompieron la cara tres veces pero ¡que joder! él volvía a entrar y guardaba para sí el la melodía acompasada de sus huellas. Y así prosiguió tras ella. Pasaba horas frente a la ventana de su casa, con sol y con lluvia. A veces, ella se asomaba a la ventana y le encontraba ahí inmóvil, adormeciendo el cristal de su ventana, de pie ante el aguacero completamente empapado. Seguía ahí parado y ella le miraba cada vez con más frecuencia. No cejaba de seguirla. Cada dia aguardaba en la puerta del trabajo. Y volvía con ella hasta su casa. Los fines de semana la veía salir en distintos autos y volver a la madrugada. Los días festivos se marchaba días enteros pero al regresar el estaba ahí. Los días mansos corrieron y el perseveraba en esa empresa. Cada vez mas convencido, cada vez mas enamorado de esa presencia y ella se acostumbró, un poco, a verlo cada día. A que la aguardara y escudriñara su silueta y sus olores y su aliento, en la puerta del edificio marrón, de su casa, en la boca del subte, en el parque donde leía novelas de bolsillo, durante la hora del almuerzo, en la tienda de discos mas allá del escaparate, en el centro comercial donde la policía lo miraba raro y lo marcaban. Donde ella estaba, el estaba sin decir nada, sin pedir nada. Y esa rutina inundó la vida de ella y se tornó, un tanto habitual, no monótona.

Hasta que un dia el desapareció. Ya no lo vio ni en el parque, ni en la puerta del edificio marrón, ni en el centro comercial, ni arrojando pétalos de flores sobre el dintel de su puerta, ni detrás del escaparate de la tienda de discos, ni en el centro comercial. Los días de lluvia miraba por la ventana y no le hallaba. Los días de sol parecían opacos; algo faltaba frente a su casa. Y pasaron los días, y los árboles de la callecita continua morían y el humo devoraba la ciudad pero el no apareció. Ella comenzó a preocuparse y pensó ¿donde estará? ¿le habrá sucedido algo? ¿Donde, donde estará?...
Contrató, entonces, a un profesional para que lo buscara. Le dio las señas, le proporcionó datos de cómo se vestía, su apariencia, su cadencia…

Los meses pasaron hasta que el detective llegó a la casa de ella con un papel y una dirección. Ella tomó el papel. Era rugoso como rosa marchita de primavera. Se dirigió a la dirección anotada allí. Arribó a una pensión un tanto mugrienta. El vaho se confundía con las tinieblas en aquel lugar y probablemente fueran una y todas las tinieblas. Preguntó por aquel dando algún detalle. El encargado le señaló la habitación y ella caminó un tanto trémula, devorando cada centímetro de pasillo, dubitativa y voluntariosa, a la vez. Las travesías suelen tener eso... verdad… sobre todo aquellas que estimamos conocidas y misteriosas como paradoja irresuelta. La puerta estaba abierta y el dormía tendido en la cama. Ella lo miró, reconociéndole de inmediato. Tomo una silla que estaba junto a la mesita de luz y se sentó. Espero y espero…mentalmente intentaba determinar que le diría… ¿como justificaría su presencia allí? ¿Como explicar la pulsión que la había llevado hasta allí, la curiosidad? ¿O, si acaso, no fuera curiosidad y era otra cosa? ¿Acostumbramiento tal vez? ¿o deseo?, deseo de que estuviera donde ella estaba, que le extrañaba de un modo misterioso o la ingenua sensación de algo le faltaba y no sabia muy bien qué…
Pasaron las horas. Finalmente él abrió los ojos. Se vieron por primera vez, esta vez...
De los labios de ella no salió palabra alguna. El la contempló, inclinó levemente la cabeza hacia donde estaba ella y la silla y, suavemente ,murmuró, mientras oscuridad y la noche cubrían los cristales y los pormenores de la habitación, el muro y la mesa…el murmuró…murmuró…te estaba esperando… ¿por qué tardaste tanto?...

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Plata

Las calles, como las heridas,
encuentran al final una esquina,
un recodo...
Buenos Aires entre neblinosos amaneceres
y recurrentes vaivenes,
con sus nubes púrpuras
conjurando, secretamente
el misterio del universo,
con su aliento inconcluso
y sus fuentes
su luz de farol tenue,
se recubre de heridas
y, de ellas, siempre me ha parecido,
emerge mas tersa y hermosa.

Chapoteamos por charcos,
y veredas discontinuas y memoriosas
que recuerdan el estrépito sigiloso
de la risa de la primavera
y la imprime como huella en tierra.
Conjura ciertas cosas ínfimas:
el fin de siglo,
El clarear de la sombra,
El remanso acostado sobre la acera
Como la ciudad del sur que amo.

Pero esta siempre es mas mía
Porque descifra mi estertor de cansino paso,
porque me envuelve, me despedaza y alimenta
Con furia y soledad,
En el canto conjetural del reloj inglés.

Y el amanecer me devuelve la brisa de mi aliento,
El aroma de perversa melancolía de la orilla,
El restañar de la guitarra en lejano fado.
Como la ciudad del sur que amo.

Pero esta soy solamente yo
Y aquella, tú y mi esperanza.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

jueves, 9 de octubre de 2008

41 AÑOS

Contigo siempre...

domingo, 5 de octubre de 2008



Puede que todo siga igual que los días siguientes sean terribles y grises pero puede que no , puede que todo cambié, la historia no ha terminado, puede que los proximos días sean ventanas abiertas a la esperanza; basta un observador para alterar un hecho, por minúsculo o grandiosos que sea। y ese es un buen principio; principio de incertidumbre। Supongamos que una manzana cae; uno piensa, luego, en la manzana y se abandona a sí mismo y al mundo y a la vida. Al tocar la manzana el suelo, el pensador advierte el curso y sus pormenores, lo asimila y actua en consecuencia, comunicándolo a otros, evitando colocar su cabeza bajo la manzana en su recorrido hacia el centro antes de su interrupción por la corteza terrestre, en su postulado sobre la acción de la fuerza gravitatoria...

Visto y considerando ciertas recurrencias, no me parece mal hurgar hechos por infinitesimales o secundarios que nos puedan parecer. En general, los sectores que tienen que ofrecer las mayores explicaciones son los que emanan cierto tufillo a izquierda no la iglesia, ni los séquitos reaccionarios ni la derecha pseudodemocrática que tanto mal ha causado, ellos no. Entonces uno se halla en la posición de aquel que va a ejecutar una confesión terrible ante un verdugo voraz y sordo. En este sentido es, por lo menos, extraño que quien se compromete, quien actúa debe ofrecer explicaciones ante las sospechas masivas e inquisitorias de los demás y no a quien no lo hace. Mientras tanto- cito a serrano- a mí si me apetece comprometerme, yo sí quiero empaparme, y al que no le gusta que se joda y quien considera que los que se manifiestan bajo el puente, en las calles, en los muros que gritan por la aparición de Julio en La Plata, son partidarios descerebrados, militantes por tradición, empleados rentados, como vana generalizacion de sentido común atrofiado y se oponen a todo porque sí, avisorando grises y tinieblas, que se joda tambien. No advierten, acaso, que lo que se busca precisamente en ciertos foros, en estas participaciones u otras, son otros marcos, otras variantes, otros paraísos, paraisos desiertos que se habitan, cada día un poco mas.

Antes del video o vínculo que agrego, vaya a saber, transcribo dos picardías, una de Bakunin, la otra de Whitman: "mientras haya una clase inferior perteneceré a ella, mientras haya un elemento criminal estaré hecho de él, mientras haya un ser humano esclavo yo no seré libre"; la de Whitman no es menos suscinta: "no tengo catedra, ni iglesia , ni filosofía, no llevo a ningún hombre a la mesa puesta, a la biblioteca, a la bolsa, pero a cada uno de vosotros, hombres o mujer, lo llevo a una cumbre...



sábado, 30 de agosto de 2008

sábado, 9 de agosto de 2008

Recuérdalo tu y recuérdalo a otros





Queridos lectores (verbigracia, uno o dos) ustedes habrán notado el carácter general de esta colección de notas, no menos compactas que fallidas por lo general; Henchidas de subjetividades malhabidas y, en muchos casos, triviales que será lo que quiza mas fatigue a quienes recorran estas páginas. Los exonero, por tanto, de cualquier aversión o reproche de escarnio. Pero como mucho , y que esto no sirva de alegato, uno acata ciertas esperanzas y esta sucesión de desvelos, con la valoración que les corresponda a cada uno, surge de percepciones diversas; más que nada es el fruto de un cierto ahogo, ungido por la certeza de que cada signo admite tantas variantes…


He caído, no obstante, en un terreno escabroso últimamente; la reconcentración en los objetos puede ser fatal, como bien lo advirtiera Poe en Berenice. Convengamos que las revisiones infinitas nos previenen de lo que bien dijera Talleyrand a Napoleón "cuando un punto se exagera demasiado se vuelve insignificante". Extrañamente Talleyrand, pese a sus manipulaciones, tenía el mal talante de acertar cuando se refería a la obstinación; tal vez porque él mismo era un agente concienzudo en menoscabar la gloria de su Emperador. En este punto atinó; las cuestiones que adolecen de mayor énfasis se desvanecen en esa pulsión, en esa voluntad, que acaba por adquirir el papel principal. En este foro no quiero eso. He eludido, por ello, referir ciertas cosas o, lo he hecho, por cortadas o callejones cubiertos por el polvo y las sombras de la quietud.


La esperanza carece de casi todo: de universo, de soles colgados en nuestra ventana que suelen fingir los días y las noches, pero no de la solidaridad colectiva, no de la memoria. Hemos recorrido tantas horas en penumbras que, a veces, el refulgir de las candiles nos parece un espectáculo foráneo, porfiamos y lo juzgamos como una alucinación inconforme.Durante los últimos años fuimos mudos testigos del reverberar de un tiempo herrumbroso, con figuras pálidas y bien acicaladas, envileciendo la cadencia de una Buenos Aires mermada, vaciada de sí, herida hasta la profundidad de sus calles con cicatrices no silenciadas, reabiertas cíclicamente. Suele ocurrir; cuando la esquizofrenia adquiere el carácter de verdad y sus principios son justificados por la letra escrita y la praxis cotidiana, no hay remedio alguno; la percepción se diluye en virtud de la escasa pericia, la conciencia se estupidiza y creemos en una continuidad fatal de lo atroz e inicuo. Las generaciones sucesivas, atentas este triunfo o consagración de la injusticia, no pueden exigir nada, lo cual no sería demasiado importante, sino fuese porque este movimiento la imposibilita, incluso, a resistir.


El golpe militar de 1976 fue el último elemento de esa puesta en escena. Y abrió una brecha profunda entre ésta y otras restauraciones anteriores, puso de manifiesto el puño oligárquico, su crueldad y desprecio hacia la vida humana y al carácter de la solidaridad en general. El proceso democrático subsiguiente afirmó la pertinencia de ese rechazo mediante la ficción legal que, por otra parte, ya había filtrado la subjetividad nacional.


No nos dimos cuenta de algo esencial: como le sucedió a España desde 1936 hasta 1939 y aun tras la guerra civil, hemos perdido a la mejor generación de argentinos que jamás ciñó los pies sobre la tierra; nos hemos perdido a nosotros mismos. Sin saciedad, los responsables de aquello filtraronen grado diferente nuestras interpretaciones y nos impartieron las nociones que, hasta hoy, permanecen en nuestros juicios sobre la ideología, la solidaridad colectiva, la razón, el progreso, la sensatez… Sicarios que hoy se sienten con pleno derecho a alucinar con supuestas subversiones marxistas, guerras, comandos, penetración ideológica internacional, en el marco de la guerra fría, para legitimar su participación en el terrorismo de estado y el Plan Cóndor pergeñado por los Estados Unidos de América y, antes que nada, en las monstruosiades mas rutilantes como fueron la desaparición sistemática de personas, la expropiación de propiedades incautadas a sus victimas, el robo de bebes, la destrucción de la economía a partir de la disolución del estado de bienestar y la apertura asimétrica de las barreras comerciales, persisten en la perorata sin contenido racional alguno; todo ello, bajo la eficaz tutela de las figuras que la inteleccióndel pueblo fue cobijando a partir de los lideres de opinión, el sentido común y la inmediatez de las respuestas sencillas, basadas en el esfuerzo mínimo de la capacidad analítica. La ideología se convirtió en mala palabra, en sinónimo de algo espurio, impreciso; las reivindicaciones populares, reducidas a la simple manifestación por la instalación de algún semáforo en una esquina perdida. Aunque sí se aceptó graciosamente, la impunidad del asesinato y la injusticia por parte de un estado que supo arrogarse el papel de ejecutor de sus ciudadanos en una falaz guerra interna para ponerse al servicio de los intereses de la oligarquía nacional y de los agentes de la economía extranjera.

Desde entonces, en mayor o en menor medida la sociedad ha acatado mansamente muchos de sus conceptos, poniéndolos en uso cotidiano a veces sin intención de hasta hoy।Actualmente estas estratagemas se corroen y la historia devela su tan preciada anatomia a los hijos de aquel periodo nefasto. Esto es, intrínsecamente, lo que debemos apreciar, a partir de ahora, en extinción, porque los juicios y condenas públicas (y acaso también póstumas, según admita la circunstancia) a los represores que durante la última dictadura actuaron con la vehemencia de perros de cacería y mercenarios, funcionan, en nuestra sociedad, como marco para el repudio consumado, para mostrar definitiva e incontrovertiblemente el horror en estado puro. La publicidad y la realización del castigo a esta aversión es la forma de rescatar la lucha de aquellos que murieron con el sueño que hoy albergamos tantos de nosotros: otro mundo es posible.


Hemos perdido a la mejor generación de argentinos que jamás ciñó la tierra sobre sus pies, lo repito; y hasta que su crimen no sea efectivamente sancionado y los responsables puestos en prisión, después de atravesar por el juicio, por las largas sesiones en tribunales y los procedimientos legales que ellos les negaron a sus víctimas, no podremos alzar verdaderamente la mirada.


Un vendaval nuevo incursiona el aire del Río de la Plata, llenándolo de bríos nuevos para los tiempos que corren. Uno a uno, van cayendo los sicarios que nos privaron del influjo de hombres y mujeres que se rebelaban ante la opresión y el mundo perecedero de sus mayores, cuyas frentes imaginaban el paraíso y las dunas y los mares enlazados en una sola estela anacrónica e insustancial. Y quien contempla por televisión sus fétidos rostros y sus infamias y fantasías, ríe con vergüenza y espanto, siente íntimamente que los tiempos admiten una réplica. A partir de ahora la historia se confía en nosotros para aprovechar el tiempo venidero y hacer del sueño de aquellos, los nuestros y los de quienes nos siguen. La justicia toma otro cariz y la rubricación vergonzosa de la inequidad queda, para siempre, borrada de la sucesión de los eventos de nuestro país. Pese a todo, como España, adolecemos de ciertas sombras que, en la clandestinidad y no tanto, rebaten la utopía de los que sueñan con el sueño eterno de la vida y sus vicisitudes. La única forma de vencerlas, creo, es afrontar los desafíos de quienes lo dieron todo por ella, incluso su vida misma. La nobleza de ellos será, entonces, la nobleza nuestra.


Que quede registrado: un nuevo tiempo se aproxima, y si no es nuevo, al menos tendremos el consuelo de que las inquietudes renacen y los infames conocerán el destierro y el escarnio de la imprenta y sus deudos.



Invoco a Cernuda para denotar una curiosa simetría y una hermandad secular:



1936



Recuérdalo tu y recuérdalo a otros,

cuando asqueados de la bajeza humana,

cuando iracundos de la dureza humana:

Este hombre solo, este acto solo, esta fe sola.

Recuérdalo tu y recuérdalo a otros.



En 1961 y en ciudad extraña,

mas de un cuarto de siglo

despues. Trivial la circunstancia,

forzado tu a pública lectura,

por ella con aquel hombre conversaste:

Un antiguo soldado

en la Brigada Lincoln.



Veinticinco años hace, este hombre,

sin conocer tu tierra, hoy lejana,

y extraña toda, escogió ir a ella

y en ella, si la ocasión llegaba, decidió apostar su vida

juzgando que la causa allá puesta al tablero

entonces, digna era

de luchar por la fe que su vida llenaba.



Que aquella causa aparezca perdida,

nada importa;

que tantos otros, pretendiendo fe en ella

solo atendieran a ellos mismos,

importa menos.

Lo que importa y nos basta es la fe de uno.



Por eso otra vez hoy la causa te aparece

como en aquellos días:

noble y tan digna de luchar por ella.

Y su fe, la fe aquella, él ha mantenido

a través de los años, la derrota,

cuando todo parece traicionar,

Mas esa fe, te dices, es todo lo que importa.



Gracias compañeros, gracias,

por el ejemplo. Gracias porque me dices

que el hombre es noble.

Nada importa que tan pocos lo sean:

uno, uno tan solo basta

como testigo irrefutable

de toda la nobleza humana.



Lo recuerdo yo y lo recuerdo a otros…

jueves, 31 de julio de 2008

No te salves

En alguna ocasión me asaltó la impresión de multitudes abandonadas a la vera del camino, petrificadas en medio de un acantilado o de las dunas. Los cielos se resquebrajaban, la umbría envuelta en un ínfimo vendabal se diluía en dolientes estertores ante cada paso y los rayos se cenían como puñales en el horizonte, enlazado a la niebla y los valles lejanos. No fue fácil liberarme del espanto de ese espectáculo; noches de insomnio fueron la erogación de tamaño horror. Tiempo después cuando intenté recordar ese sueño, advertí que no eran los látigos de luz inífuga, electrificada o el follaje incansable que agobiaba los pasajes contiguos, lo que despertó la angustia sino aquella multitud enajenada; quiza uno o dos rostros entre ellos. Verlos completamente absortos, trémulos o fascinados, por la alucinación de un claro lejano, de las llamas de marzo y septiembre junto a los rostros que conjeturamos envejecidos y dichosos en lejanos cielos revolucionarios o frente a su propio reflejo perdido, paralizados por el miedo, ansiosos por la muerte, me sobresaltó. Aquellos estaban a salvo y tú entre ellos.

Sospeché que la salvación es el refugio de los cobardes. Nunca pude saber si en aquella figuración (más real acaso que la vigilia y los estrépitos y el noticiero) yo estaba junto a la multitud y te contemplaba entre ellos, sin poder tocarte porque te antecedían todos y cada uno; o, tal vez, desde afuera, con gesto cansado, aterido, de muerte. Como fuere, desde aquel tiempo no quiero salvarme, ni condescender al catálogo de vanalidades que conforman el diario protocolo de la lucidez. Me aterran, incluso, las conductas puntuales de los hombres de ciencia o de administración, tan resignados a sus métodos, obstinados en concibir el mundo como variables concatenadas e inertes y tan ignorantes de las variantes y las licencias de la inteligencia práctica; también los cultores de lo que debería ser o los lúcidos filántropos que con su mano tendida nos conciben como rebaño que debe ser guiado hacia las llamas perspicuas e inicuas de la hoguera de los mundos planos y celestes, insípidos, mediocres.

Todos los hombres y mujeres inmóviles frente a ese camino gris tenían en su rostros huellas de languidez, encubiertas por la sonrisa apócrifa de los días furtivos. Y aún, concientes de que los agoreros de la razón eran monstruosos cuerpos que se erguían putrefactos sobre tierra y sus propuestas la infamia, la quietud, las máscaras resplandecientes que los recubrían, con su brillo, los extasiaba y los cegaba y los mantenía a la vera del camino.
Los argumentos de la cordura y sus maravillas proseguían con severa calma. Ellos inmóviles. Mustio y solitario, nunca supe bien desde dónde (o cuándo) empecé a vitupeararlos, negando sus falacias, escupiendo sus rostros.

No quería, ciertamente, salvarme, ni que me salvaran (no deseaba para mí el silencio o la oscuridad). ¿Para qué? ¿para incluirme en ese dantesco baile de espectros, relatando los detalles míticos de victorias sin sentido o cantando odas a pasados conjeturales, distorsionados por la letra escrita?. Por el contrario, no deseaba aquello; no lo quería. Anhelaba otras cosas, mientras silente admiraba el cancel. Buscaba salir volando y perderme en la oscuridad de las hojas de otoño sacudidas por las gotas del rocío; o simplemente, no quería salvarme.

Mi esperanza era que más allá me aguardaras ansiosa por perderte; bordear las márgenes del camino, hasta encaramarnos definitivamente en el albur de su curva mas sinuosa



No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca .....
no te salves ...
no te llenes de calma
no reserves del mundo
solo un lugar tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueños
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo
pero si .......
pese a todo....
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un lugar tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueños
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas .............
entonces......
no te quedes conmigo
Mario Benedetti

Afortunádamente no estamos a salvo. El cielo desnudo, los promontorios, el parque y sus viejos árboles dormitando la claridad, las ánforas, los astros, el humo mustio de los bares mas allá de la hora de cierre, palpitando tenue como galaxias remotas, los espéctros de callejuelas donde el claro de luna no redime la esquina o el adoquín, nos aseguran que los peligros arrecian y que el mundo no se ha apagado en un murmullo...





Acerca de la edición Micesláneas de tres cuentos de Kafka





"El hombre le tiene miedo al tiempo, pero el tiempo les tiene miedo a las pirámides..."


Proverbio árabe


"Que yo tambien comparto los mismos miedos, tambien busco una cinta para atar el tiempo"


Ismael Serrano
¿Cómo pude no sentir que la eternidad anhelada con amor por tantos poetas, es un artificio esplendido que nos libra , de manera siquiera fugaz de la intolerable opresión de lo sucesivo?
Jorge Luis Borges







Son las tres de la madrugada y me cuesta conciliar el sueño; algo común desde hace un tiempo.

Estoy en el living. El cafe está recien hecho y sobre el mantel se derraman las cenizas del segundo cigarrillo de la noche. Al costado, casi sobre el recodo de la misma mesa, consta un ejemplar de la metamorfosis de Kafka. Me mira azorado, mientras escribo sobre la pantalla plana con caracteres sin tinta y sin la proverbial mano derecha que en otras jornadas se empeñara en cifrar, sin mayores resultados, la página perfecta. Lo vigilo de soslayo, cada vez que vacilo; la portada verde, el grosor variable e indefinido, acaban por desviar repetidamente mi atención, por dilapidarla. ¡Se que no es excusa!; siempre, acaso, he sido distraído y por tal, mi inteligencia ha mermado bastante. A veces, pienso que esa desgracia me ha salvado de indecibles dificultades. Algun día contaré por qué. Lo cierto es que el libro no me deja en paz o , y esto es lo mas probable, mi ejercicio literario adolece de cierto pesar, de muerte y de hastío. La melodía de fondo, en breves compases unánimes, me remite otra vez a Kafka.


El buen Franz era un hombre sumamente angustiado. Borges lo refiere en innumerables disertaciones pero la mas ilustrativa nos remite al prólogo de El informe de Brodie acaso aqui como indicio literario "Los últimos relatos de Kipling fueron no menos laberíntícos y angustiosos que los de Kafka o los de James, a los que sin duda superan."
y lo alude una vez mas cuando refiere a Der procezz como una de la novelas mas prolíficas del siglo pasado. Aun así no pretendo argumentar la preeminencia de Kafka en el pedestal de los hombres imbuidos de una pesada carga que, cualquiera puede vindicar como interna, pero en muchos casos proviene de hechos exógenos.


La angustia, como el amor o el ejercicio demócratico, es patrimonio común. Poetas, hombres políticos y pesimistas son la esmerada máscara de individuos específicos.
No obstante, cabe una distinción: la principal y mas insoslayable angustia es, si no me engaño, la que genera el paso del tiempo. Mas allá de la opinión de los nihilistasm ( de la que me desligo sin muchas reticencias) del barrio o de los torpes polemistas que sancionan este temor como prejuicio burgues, prodiagando, cínicamente, el consabido alegato de la felicidad de los años plenamente vividos. Por desgracia se engañan a si mismos y suele suceder que quienes la ignoran, la sufren aun mas a veces de un modo secreto.

Hace algun tiempo, Quino la iustraba desde una de sus estupendas piezas: una serie secuencial que muestra las variaciones que la edad depara a cada ser; uno de los personajes de la caricatura señala que el verdadero enemigo es el tiempo (y la muerte). Y vale decir que acierta el pleno. Aunque a este respecto Don miguel de Unamuno lo explica, acaso, mejor que yo.


La otra curiosidad radica en la relación entre un autor con su obra. ¿Solo un espíritu turbado como el de Kafka puede recrear las acciones de El Proceso? ¿Qué valor tiene, entonces, la afirmación acertada de que El proceso es una anticipación de la irracionalidad política y social de los años ulteriores a su publicación? El sinuoso paraje laberíntico de los relatos de Kafka prefiguran la cierta derivación de un repertorio de desleltades sociales que advierte dos dimensiones: la personal y la social. Las variantes singulares del estado de cosas se constituye como artífice en el sentido de prodigar los elementos indispensables para la obra kafkiana; esas unidades colisionan, luego, con las impresiones del propio Kafka que dependen de su característica física y mental en la asimilación de las condiciones generales, a través de diversos factores intermedios que actuan a manera de filtro y reformulación. Las huellas de Kafka son, pues, las huellas de todos los hombres que le precedieron y las de él mismo. Su obra, un artificio singular que bien corresponde a la lógica burguesa científica que cimenta el sistema judicial, o bien, a los horrores de pesadillas, de la fiebre o el espanto, de las noches interminables en Praga.


Recuerdo que cuando acabé la lectura de La metamorfosis (aun no había llegado a La condena que figura en el mismo ejemplar) solo pude pensar en la premisa de Tolstoi en La muerte de Ivan Ilich o la de Richard Sennet en Carne y piedra: el enajenamiento ante el dolor ajeno y la idea de que la agonía se erige como el paraje mas solitario que el hombre recorre, a conciencia de su soledad y de la incomprensión cabal del resto. No obstante, es el ineludible destino de los hombres y mujeres que también poseen el recuerdo de otras agonías y de su amargo sabor a despedida recurrente, interminable. Hombres y mujeres que no lograron acompañarla y que a su momento tampoco serán comprendidos . Esta sensación es la de Gregorio Samsa y la de Kafka. La certeza de una fatalidad percibida por todos, acatada por algunos y comprendida únicamente por el individuo situado en el sino de la tempestad, solo y ya abatido...


Un artista del trapecio (obra que cierra la edición) es, a su vez, la culminacion de lo que Camus en palabras de Savater nos ahorró con su muerte joven, las dimisiones de la vejez cita.


He cavilado mucho respecto del valor de las reminiscencias que mi ejercicio literario habilita; a veces esa prudencia ha sido mas reveladora que cualquier confesión, digna de ser escrutada por la paciencia y sus deudos. He inferido que cualquier deseo de ocultar las impresiones vivas del artista suscita indicios cabales y suscintos; murmullos que las líneas vociferan y que los puntos y las comas y las construcciones verbales acaban por gritar a los que recorren esos enigmas inscriptos a voluntades ocultas y timoratas.


El café me aguarda, ahora, con resignación. A la cansada fachada del libro ya no le interesa este inconcebible prodigio de abastracción e indolencia frente al monitor. Ya son casi las cinco. Repentinamente se me viene la frase de Aristóteles, basa cierto trabajo discográfico español. Colijo que en esta noche la esperanza es el desafortunado amante que aguarda solo en una mustia habitación de hotel de la calle Jean Jaurés. Yo sigo despierto y soñando.
N.A.: En días últimos he aprendido que lo mas terrible no es el paso del tiempo, pese a la línea miserable en las noches busacaba afirmarse en la sustancia fugitiva del tiempo (Jorge Luis Borges, El milagro secreto; 1943) y como esa sucesión y ese tiempo llevaban a Jaromir Hladikh a la muerte y la inmortalidad de Los enemigos y del exámen de las exquisitas fuentes judías de Jakob Boheme, lo tétrico es traicionar esa sustancia y, en ella, la dimisión de cada uno de nosotros.
A la luz de esto parece premonitoria la cita de Savater acerca de Camus, uno de los pocos que alzó su voz ante los nacientes regímenes fascistas europeos y luego nos ahorró las dimisiones de la vejez. Nunca nos traicionó, ni a nosotros ni a sí mismo.
Supongo que cuando lo encontremos (inconcebible hoy, sino es en sueños), sostendrá su mirada ante nosotros para buscar, en nuestros ojos, su espejo.

26 de julio

Umbría de los pueblos,
Acequias y miríadas de copos deshilachados
Allá a lo lejos,
En el horizonte,
Conjetural, transido,
Vistiendo el otoño aterido
En que la humedad agonizaba
Sobre la acera ocasional.

¿Qué es estar perdido? Preguntó:
Es la oscuridad detrás del cristal,
Su pesadilla,
La lejía disonante en las azoteas,
La tarde de angustia
Frente al mudo ordenador
Cubierto de dudosas y culpables sombras.
Los augurios, el semblante solitario
De una estrella anodina.
Y hacia la esquina
El claro mortal de la ausencia
De las casitas bajas,
Del portón que se derrumbaba
Contra el callejón.

¿Qué es estar perdido? Preguntó:
Es saberte en otra sucesión, en otras muertes
Es creerte cubierta
Por el aliento vernáculo
Que cunde en los bares
Entre perfumes, entre alegorías
Diagonales desgastadas
Por la huella nefasta de antiguos fantasmas
Cuyo castillo se derrumba
En la ciudad plomiza, burocrática, muerta

Husmeas el aire con asueto
Y los espejos desfallecen
Por íntimas vergüenzas
Que alguna vez juramos no ver.
Y las batallas perdidas
Causan estupor
Ahogando mi pecho,
Aprisionando entre garras de plata y azufre
Los gritos que hubiera debido dar.

¿Que es estar perdido? Preguntó:
Es conjeturarte intacta, feliz,
Orgullosa y atrevida
Militando inconsciente en plazas y claustros,
En ferias que en otros tiempos
Se hubieran vuelto invisibles,
Y tras acallar los murmullos
Que abrigaban,
Declinar invariable al amanecer.
Andarás a las prisas encaramada,
Conjugando rostros y miradas
Vilezas o inciensos de rutinas nuevas
Que amparan las almas de la monotonía o del oprobio.
¿Qué es estar perdido? Preguntó
Es tu voz que no llega ni me abandona
Diluyéndose a través del tamiz de los sueños
Y a ellos se aferra,
Sin fuga posible.

¿Qué estar perdido? Preguntó
Es conocer que no hay respuesta al enigma
De tu piel estrechamente infinita
Que en ánforas de fuego
Se desgarra,
Bajo los velos
De un cielo troquelado y a la vez diagonal.

lunes, 28 de julio de 2008

Anotaciones sobre la canción de autor

No hay nada mas parecido a la nostalgia que la canción de autor; miríadas de aromas dejan a su paso, suscitando ese placer por las lágrimas dulces y por los finos razonamientos que solo resiste la soledad y la comparecencia ante el tiempo que pasa. Curiosamente, incluso para ese declive, esto es misterioso en más de un sentido. Pero es imposible soslayar lo mucho que tienen en común, esa presentida unidad, que es el carácter homogéneo de un grito surgido desde la hondura del ser en resistencia a las herida de lo que sucede y sucede, sin remordimientos, atavios o dilaciones.

Allá por el año 1935 la pluma de Alfredo Le Pera ensayaba: Vivir...con el alma aferrada a un dulce recuerdo/que lloro otra vez... /Tengo miedo del encuentro/con el pasado que vuelve/a enfrentarse con mi vida.../Tengo miedo de las noches/que pobladas de recuerdos/encadenan mi soñar...

Un año antes escribía: Si arrastré por este mundo/la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser, bajo el ala del sombrero cuántas veces embozada/ una lagrima asomada yo no pude contener./ Si crucé por los caminos como un paria /que el destino se empeñó en deshacer o que veinte años no es nada,/que febril la mirada,/ errante en las sombras,/te busca y te nombra./Vivir.../con el alma aferrada/a un dulce recuerdo/que lloro otra vez...

Borges señaló, parejamente y con acierto, que el tango nos daba la certeza de haber cumplido ya con las obligaciones del amor y la valentía. Y algo de eso hay.

Creo mas que nada que la canción de autor nos devuelve los ecos de los eventos que pasaron, tal como la imaginación nos dicta que han pasado y los versos de Le Pera parecen sostener, asimismo, que la batalla contra el tiempo es la fuente y el cause de la angustia pequeña del autor; angustia que en algunos casos adquiere la forma de pregunta: ¿qué hay de aquel amor que nos señaló?/ya no queda ni la sombra/ ¿qué será de tí? /¿dónde fuiste a dar?/ ¿aun te queda alguna peca? o de afirmación: y de aquellos años verdes solo queda un breve aroma de una carta y de un helado de vainilla.

Y aun más: Bergia inicia la composicion advirtiendo, no al que efectivamente quedará absorto o extasiado, por la letra, sino a los otros, a los poco habitués de la nostalgia, o a la posible destinataria: quieras o no quieras recordar y ya advierte de que viene la cosa.

Ismael serrano hace lo mismo en Donde estarás pero el compás de esta canción difiere a la anterior en cuanto a su posición en la escala del tiempo. Mientras Bergia refiere un pasado demasiado lejano y casi conjetural, Ismael remite a algo mas tangible o próximo, casi reciente. La consecuencia de ambas es la misma pero mas atenuada en cuanto a la inclinación del oyente del segundo al ejercicio de esa angustia del discurrir.

Idéntico movimiento notamos entre Qué andaras haciendo ahora con cualquier otra pieza de Bergia o la variación afortunada de Te conocí en fragmentos como: Y ahora te miro/ tras tantos años. /Creo que aún te debo/ muchas canciones, /regar las flores de tu regazo./ El tiempo y sus mareas fueron meciéndonos con sus latidos. /El fiero canto de un guerrero cisne/ anunciaba un nuevo siglo. /Cayeron hombres, levantaron muros y aún seguías conmigo. Mas allá de la perfección de su cadencia y sus entreveros de presente , pasado y porvenir, como si dictaran favorable sentencia a la afirmación de San Agustín de que cada punto presente del tiempo contiene a los otros dos, indican, en este caso, un triunfo conjunto o una celebracion de pasado. Vale decir en todo caso que el presente también acarrea al pasado y al porvenir en sí mismo y no como extensión o metáfora.


Serrat en Aquellas pequeñas cosas antecede prodigiosamente a ambos y, en algún punto, alude la precaución de Le Pera de un estado en el cual uno ya no es lo que ha sido y la íntima e irremediable vergüenza de esta flagrante negligencia : Son aquellas pequeñas cosas,/que nos dejó un tiempo de rosas/en un rincón,en un papel/o en un cajón.

Pero en realidad toda la canción es la nostalgia, desvainada en letra y musica; Una de sus mas perfectas representaciones, sin la oprobiosa necesidad de un referente externo.

La nostalgia de las canciones de autor constituyen un grito desesperado, una objeción. Es, probablemente, quedar solo y gritando en medio de la plaza, del parque, de la feria deshabitada; una interpelación al tiempo, notable noctámbulo que resiste la vigilia y el fulgor de las madrugadas solitarias o acompañadas. Y acecha, implacable, sórdido....

Las generaciones actuales (salvo deliciosas excepciones) han tenido la deferencia de desdeñar este tipo de canciones, por suerte. Así desprecian el tango (sólamente les atrae la grácil y furtiva exaltación del baile y el encanto de aquel sobre los turistas y los barrios del norte de la ciudad), y la canción de autor, desde otros géneros, gana terreno únicamente por el beneplácito del mercado que apela a caracteres ajenos a lo propio de la letra y la música.

No sé si esto es digno o execrable. Yo disfruto mucho de la canción de autor, sea un tango o no. En parte, por lo que alguna vez confesó Alejandro Dolina (El libro del fantasma, Tratado de música y afines), cuyas convicciones o artículos, muchas veces han tomado forma de melodía y declamación; en parte, porque me suscitan ese resquemor y esa angustia por el tiempo, por esa batalla inútil que es la madre de las batallas y que, como bien se dice ,está condenada a la consagración de lo que se diluye perpetuamente, sin posibilidad del majestuoso alegato o de la objeción práctica.

Ese placer indolente de la contemplación de una estela sucinta, de un pasado y un porvenir que se entremezclan furiosamente en el presente, en la creencia y en la vigilia, es mi dicha y mi tesoro. Como nos espeta Nunca te dije:


Quedan atrás días alegres,

viejos bares, tu buhardilla, mi seiscientos,

un paraguas y una rana,

un teléfono sin número,

una almohada abandonada

un «se vende» en la ventana.

o

Parece que fue ayer pero han pasado
ya unos veintitantos años.
Madrid era una caja de sorpresas,
yo tenía aquel dos caballos.


No había que dormir, no importaba el porvenir,
cada noche por delante.
Hasta el amanecer entregados al placer
como siempre dando el cante.


Vimos pasar algunos trenes con pañuelos
que decían adiós.
Los compañeros del colegio,
las caricias de aquel primer amor.


Aquello era vivir sin tener que decidir
cuál era nuestro destino.
A mí me daba igual, tenía vitacal,
mi guitarra y una amante.


Y resulta que aunque no esté mal a veces
es terrible estar sólo.
Amanece pero no es igual,
no queda nada después de todo.


Cantábamos en los setenta aquellas canciones
de Stephen Stills "love the one your with"
empaquetados en tu vespa por las calles
de aquel viejo Madrid.


Buscando algún lugar donde poder tocar
todas nuestras ilusiones,
tendremos que ensayar, mañana hay que tocar
quién me deja una guitarra.


Echo de menos las fantasías
de aquellos días que no volverán.
Tus deliciosos veinte años cuando
te decidiste a ser mamá.


Soñando un porvenir, mañana hay que seguir
como siempre hacia adelante.
Qué le vamos a hacer si me tocó perder
por dudar de la evidencia.


Y resulta que no me da igual,
ahora es terrible estar solo.
Amanece pero no es igual,
no queda nada después de todo.


Fueron días felices que ya no volverán.
Hay que echarle narices que otros días vendrán.
Parece que fue ayer pero han pasado
ya unos veintitantos años.

Y resulta que sí da igual, y algunas cosas retornan como reflejo o recompensa o simplemente placer estético....



N. A: Nótese que cuando refiero nostalgia hablo de melancolía. No es complejo advertir que la nostalgia es funesta; prefiero el foco apuntando hacia adelante en el escenario. La melancolía, o la certeza de la derrota que nos depara el curso de los años, es el sentido verdadero del azar de nuestros actos (o debería serlo). Depende de como afrontemos esa gresca fatal e injusta. Los bellos personajes del maestro Benigni en El tigre y la nieve nos dan una muestra de los dos extremos de esa confrontación con el destino: la del poeta italiano Di Giovanni o la del islamico Fuad. Yo prefiero una de ellas; no hace falta decir cuál.







viernes, 25 de julio de 2008

Otra condena

Muy pocas cosas en el ámbito de lo público son festejables o dignas de la exaltación que nos augura cierta felicidad. Ayer, el ex comandante del Tercer Cuerpo del Ejército, Benjamín Menéndez, fue sentenciado a prisión perpetua, en carcel común e inhabilitación absoluta perpetua, revocando la prisión domiciliaria de la que, hasta ese momento, gozaba.


Oportuno, tardío, dilatorio fallo; inconmensurable ya, y auspicioso para las generaciones que poblamos de aquí en adelante la sucesión y la cadencia argentina. Pero puntualmente me pregunto por los vastagos de la lógica que exhibió Menéndez, con inopinado rigor, durante su alegato final. Esa alucinación conspirativa marxista que, según él, ha tomado el poder político mediante la estrategia gramsciana para luego, en un futuro, tras abandonar su disfraz legalista y democrático, mutar en un régimen opresivo, totalitario, negador y vituperante de la fe cristiana y los sagrados valores occidentales.


Cabe decir que los oficiales y los altos mandos del ejército durante los años de la dictadura, han criado hijos, educándolos y adoctrinándolos de una manera muy parecida al resto de los individuos. Incluso, habiéndose comportado como excelentes padres, procuraron, en muchos casos , satisfacer con afecto las pretensiones y necesidades que poseen los niños durante sus años de mayor indefensión y dependencia. A la par, estos hombres, al igual que cualquier otro, le transmitieron a aquellos sus prejuicios, sus miedos, sus incertidumbres, su locura. Y como cualquiera de nuestros mayores, les impusieron una serie de premisas inclaudicables que se ciernen como artículos de fe en su conciencia. Son ellos los que me preocupan.


Hay algo, por lo demás, incomprensible en la estructura de pensamiento del represor y del militar. Algo irracional o estúpido. Y, la potencial reproducción de esa estructura, ensombrece cada dictamen que se pronuncia en los tribunales de juicio. La posibilidad está; uno nunca sabe, con indeclinable certeza, los resultados de determinadas acciones; existen probabilidades y, a la par, un emporio de dudas; cada consecuencia frente a cada causa, constituye, al fin, un misterio parcialmente irresoluble. Existe la ocasión de fuga.

La reacción ha penetrado en todos los foros de la sociedad argentina, cuya base misma es alimentada por conceptos ajenos a toda forma de solidaridad o fraternidad inmediata entre sus miembros. Aun así, esta pervivencia no puede ser eterna como nada, en definitiva, lo es ; un movimiento de afirmación debe reavivar cada tanto sus fuegos . Y estos zarpazos desesperados han despedazado con cada gobierno de facto nuestras esperanzas y nuestra fe en un destino diferente.
Es finalmente, la presencia del observador, simultáneo o futuro, la que rehabilita el anhelo y el empeño de modificar la soberbia marcha de los acontecimientos.

La algarabía, el llanto, los estruendosos murmullos que el juez Jaime Diaz Gavier intento en vano contener (como si se pudiera detener una marejada o una tormenta contenida por el gris o el vaho), el gesto de desconcierto de los familiares de desaparecidos que presenciaron la audiencia final, pueblan mi impresión del juicio.
Es, acaso, imposible escribir la felicidad. Yo no lo intentaré, siquiera, en estas líneas. Invito a quienes lean esto a componerla como les plazca. Por mi parte, absorto en la posibilidad de huida, de deconstrucción, intuyo que el horror todavía no nos es ajeno o indolente. Tampoco el puñal de la impunidad y el delirio.

Quise creer que Michelé Najlis implora este mismo desvelo, en estos versos:


Nos persiguieron en la noche
nos acorralaron
sin dejarnos más defensa que nuestras manos
unidas a millones de manos unidas.
Nos hicieron escupir sangre,
nos azotaron;
llenaron nuestros cuerpos con descargas eléctricas,
y nuestras bocas las llenaron de cal,
nos dejaron noches enteras junto a las fieras,
nos arrojaron en sótanos sin tiempo,
nos arrancaron las uñas;
con nuestra sangre cubrieron hasta sus tejados,
hasta sus propios rostros,
pero nuestras manos
siguen unidas a millones de manos unidas.


A todos ellos unimos nuestras palmas...


N.A. Los invito a ver el video de la sentencia en Protagonistas del Sur. La imagen final es exultante.

jueves, 24 de julio de 2008

Ni la muerte, ni el instante

Hoy, veo a la ventana consagrado en el encanto
de un reflejo inerte,
de esferas rústicas, del trazo de una estela.
Y los terraplenes me devuelven tu beso
y la oscuridad en que retorna

Lentas filas andariegas de humos lúcidos y mortales
acatan tu mirada enlazada
justa, militante, conjetural.
Hoy, en que los días son herrumbrosos
y la aurora duele a la luz de las heridas.
Y los discursos resuenan a lo lejos,
como un eco furtivo.
Empereciendo la calma,
el vaho te devuelve cubierta en llamas.

Veo a la ventana mecida en la ciudad
en sucias marejadas de polvo, de sudor
que entibian el hálito confuso,
dilatando las mudos lienzos de la rutina.
Y, anacrónica, entibias con tu aroma
ese andamiaje frío que me mira de frente.
¿De qué valen la oscuridad, el infierno, las tinieblas
la claridad, que penetra y redime,
los pasos y la huella,
si la esperanza se ha marchado
tras los ruidos y el candor
de Julio?

Hoy veo a la ventana con la visión
un poco maltrecha y envilecida
turbia, encaramada,
en la convicción
de que la nada nos espera
a la deriva,
prosternada
ante la desdicha de su propia imago.
Veo a la ventana y mi boca se seca
Y las lágrimas enjugadas no vierten
en derrotero alguno su final

Veo a la ventana con el ansia
del paraíso que abrigabas
en tu regazo, en tus palabras,
en el cálido coro de tu vientre
que ya ni presagio.

Veo a la ventana y el orbe
replica ese vacío de la noche abstracta
inmersa en el coro sucesivo
en el fragor, en el delirio,
y me acerco al momento en que
la noche no era una,
ni la muerte, ni el instante,
ni lo eterno, ni el abrazo,
o la conjunción de cuerpos informes;
la noche era el ocaso
de la vigilia infame y repetida

viernes, 11 de julio de 2008

Este poema consta en el Viaje de Roseta y se inmiscuye en la prolífica antología discográfica Poesia necesaria. Ya hablaré aquí de Claudio Rodriguez, de una anécdota y una definición. Hasta entonces:

Con los cinco pinares de tu muerte y la mía
Tú volverás. Escucha. La promesa besada
Sobre tu cicatriz sin huella con racimo en silencio
Nos da destino y fruto en la herida del aire.

Si yo pudiera darte la creencia y los años,
La visión renovada esta tarde de otoño
Deslumbrada y segura sin recuerdo cobarde,
Vileza macilenta, sin soledad ni ayuda…

Es el amor que vuelve. ¿Y qué hacemos ahora
Si está la alondra del alba cantando en la resina
De los cinco pinares de tu muerte y la mía?
Fue demasiado pronto pero ahora no es tarde.

¡Si es el amor sin dueño, si es nuestra creación:
El misterio que salva y la vida que vive!

CLAUDIO RODRÍGUEZ

INDICES

Vine a enterarme, por estos días, que un tal José Arsegot compró una calesita al circo de los hermanos Segura y que la misma fue emplazada en la Plaza Irlanda. La travesía, que involucra a los hermanos Pometti, calesiteros de alma , un nieto de apellido Cavallieri y el acto de vandalismo que entre llamas casi ahoga las huellas de ese hombre que ahora conjeturo, son circunstancias anecdóticas y fortuitas.
Como hallazgo uno puede reputarlo azaroso; como exhortación para la curiosidad, merece una delicada atención. Vale, los hechos del universo no acontecen por nada o el absoluto desparpajo debe, al fin, equivaler a un cierto orden. No estoy seguro y admito cualquier opinión en contrario.
No obstante, estos días han sido días muertos, no en cuanto a lo literario, pero sí en un sentido vital; únicamente la convalescencia logra tamaña suspensión, tamaña negligencia. Y en esa despedida magra, se presentó este hallazgo.
Indudablemente, me inquietó, otorgando a la trivialidad de estos días, un objeto de exaltación recurrente. Y todo se debe, graciosamente, a que mis conexiones con mi pasado paterno son muy débiles. Nunca conocí a mi abuelo don Cirilo y, hasta hace muy poco, ignoraba, completamente, que Ramón, su padre, constaba en las partidas del registro civil de Huesca, localidad próxima a los Pirineos. Ciertamente, mi apellido siempre fue fonéticamente delator de cierta herencia francesa. Aun hoy me es muy dificil, pese a las simpatías que guardo con España, disociar mi estirpe a cierta providencia rural, campesina, de la región lindante con los Pirineos. La sola pronunciación de mi apellido favorece esta idea. Empero no acaba por ser completamente un nombre francés.
En España, los parientes mas próximos (que son también los mas conocidos y habitués de nuestra Recolta, San Telmo y microcentro) son de línea materna, por lo que no comparten mi apellido, siendo enteramente de procedencia española. Me aventuré, por tanto, a buscar en los directorios de ese país para encontrar a un ciudadano que poseyera el mismo patronímico que yo. Fue infructuoso. Acabé, entonces , por aceptar esa sugerencia del sufijo got, probablemente alineado a su antecesor arse, que puede ser el original o la deformación del apellido arce, por mero tráfico de linajes. Procuré, luego, los listados de Francia. Hurgué en provincias, villas, ciudades, en París...
Cerca de Bordeaux, a unos escasos kilómetros de la frontera, en la región de Aquitania, hay un conglomerado de mansiones en alquiler para vacacionar. Se ofrecen en los sitios turísticos que absortan a visitar Francia, con la módica descripción de sus prerrogativas: la virtuosa y atrayente promesa de disfrutar de un descanso paradisíaco en una región de extensas llanuras y mansiones con piscina. Entre las localidades donde se puede uno hospedar figura Cenác, que no es mas que una villa francesa. Allí, en Avenue Pujant, vive Fernand Arsegot y, no muy lejos pero en Salles, Lionel Arsegot. Lejanos, ambos, de aquel que adquirió a los hermanos Segura, la calesita que hoy es reliquia porteña; unidos, tal vez, por una memoria solidaria que los trae a mis sueños.
Tanto Lionel como Fernand me han suscitado el deseo de llegar, no hasta ellos sino al origen o al desmembramiento de quienes trashumaron para llegar hasta mí, lo cual abre algunas inquisiciones: ¿Qué fabuloso y trágico designio hizo que Ramón naciera del otro lado de los Pirineos? ¿Qué parcial generación se marchó de Francia? ¿Quién orquestó la dimisión? ¿Quién desertó? ¿Por qué se separaron y, en todo caso, de donde provienen Lionel y Fernand y qué relación los une con Ramón? ¿ y con José?
He cavilado mucho al respecto en las últimas jornadas. La compulsa revisión de las interrogantes y diversas alternativas, advierten un sinfín de acciones. El inventario es, a lo sumo, mós sencillo y, ante todo, más prolijo. Corresponde, pues, que yo inicie la contraria y dilatoria claudicación de las huellas de mis ascendientes.
Desde esa perspectiva y proposito, esta nota, no prentende nada. Solo es un esbozo, una patética formulación de interrogantes. La senda al futuro ya está hecha o, al menos , es asunto de futuro. Alli están Tomás, Matías, Nicolás, y quizá alguno más.
El pasado, por su parte, implora algo mas que la apatía o el olvido.
Nota del autor: me dedicaré, de aquí en adelante, a descifrar las variables de lo que aquí, impunemente, planteo; esta nota es, tal vez , el comienzo formal.
El resto de los instantes que derivan de este escrito son infinitos puntos cuyo caracter y divergencia me parecen excesivos para referir aquí. Espero tener noticias pronto.
Algo me dice que este relato o soberbia ponderación de inquietudes particularistas, no estaría completo con la omisión de su punto de partida: http://www.lascalesitas.com.ar/acerca_valle.swf

jueves, 10 de julio de 2008

Algo no tan perdido

Casa de Padua

Ahora te figuro inmensa y peculiar,
Un inanimado misterio de corredores y parras
de ladrillo desteñido, un sendero,
Dilatado en extremos ladeados y alguna saliente.

Tu extensión es enigma enraizado en tierra furibunda
Mulata,
de tiempos en que la pampa era redonda
Y el sol emergía ayuno de miradas humanas.

Sucesivos tropiezos han quedado,
y en tí reposa,
Un daguerrotipo borroso de mis pies escuálidos,
De mi cuerpo liviano y sin cicatrices.

Sospecho que dos personas, o tres, se han perdido,
en la hondura de tus fondos,
absortos por el inacabado foso
que perfora la tierra en su magna cabalidad.
Dos han perdido la juventud y uno la niñez


Nota del autor: la casa, originariamente, perteneció a mis tíos. Siempre cobijé, para mis adentros, la conjetura o la certeza de que San Antonio de Padua, estación enclavada a manera de estorbo entre Ituzaingó y Merlo, era y es ilusoria; una mera entelequia que absorta al peregrino a detenerse en el trayecto hacia otros senderos mas prodigiosos. Con los años descubrí que todo ello es cierto y que sus arrabales constituyen la esencia inconcebible de ese obstáculo. Nadie se resiste a esa hondonada de casas bajas y techos a dos aguas; es el dichoso y particular hallazgo de todo joven y timorato poeta.

domingo, 6 de julio de 2008

DE LA ESTACION, DOS CUADRAS

Avellaneda me ha cobijado desde los ocho años, epoca en que veía los andamios con sorna y asombro y me dejaba arrastrar por la candileja y los escuetos pasajes que lindaban con la estación de Wilde. Por esas veredas de barro, al principio, cuando el trazado era la mera extensión del terraplén, aprendí los avatares de la incertidumbre del hombre de las calles de tierra. Conocí esa imagen que nuestros padres refieren y que en la época en que crecí, se hallaba en su agonía macilenta: la del barrio, la de los campitos y los clubes, la del tiempo indolente. Luego, en mi barrio, el hormigón lo arrasó todo, pero no para dar sitio a esos espacios de antaño mejorados y prolíficos, sino para su perpetua disolución. Se procedió a privatizar hasta el último vestigio del espacio público y hoy tenemos que pedir permiso para echarnos un picadito en mitad de la vereda mas insignificante. Oprobioso es que tamaña esquilmación fuese aplaudida; en fin...
Avellaneda ejerce la paciencia cada día que la habito; su cansino paso es la cadencia de Buenos Aires que comparte el ahogo melancólico de los países latinoaméricanos y lo enmascara en un júbilo menesteroso y a veces fatuo (índice del canalla y el vil pendenciero); las más con una nostalgia de muerte o una melancólica resignación que pendula entre la inacción y el altruismo, entre la envanecimiento y la utopía. De todo aquello siempre me gustó creer que los hombres y mujeres de Buenos Aires (y de Argentina) nos emborrachamos, nos reímos del chiste grotesco, volvemos del desparpajo de la noche insomne completamente absortos en cierta algarabía impúdica, aunque al mirar la cara del compañero próximo advertimos una sombra en la mirada, un gesto que nos asegura que no nos hemos olvidado de nada.
Avellaneda me ha cobijado en estos últimos años y agradecerle semejante benevolencia a un nombre, o a la porción cartógrafica que ese nombre sugiere o erige, solo requiere alguna palabra que ratifique la querencia y el hábito.
Aquí las transcribo:
Avellaneda al sur

Si tus calles apuran la sombra,
El adoquín las oprime
En mitad del remanso del callejón
Apacentado por la luna y sus escombros de plata.

Los serenos cautivos de prosapia
Presagiando la ruina circular
En noble lealtad de café
Entre anémonas de humo y sudor de sal

¿Que anodina voluntad, indiferente acaso,
inflinge al movimiento solemne, alertagado
su primigenia inercia, su halito?
¿Cómo llamaremos al sutil hacedor
de tus caprichosas veleidades de urbe,
de los recónditos murales arraigados
que se derraman sobre la callejuela,
de todos tus ditirambos de bronce?

Tu sur es un sur imprevisto, inmemorial,
Cuyo margen es de río y de mar a la vez.
Palida tiniebla entrevista
En los primeros movimientos del tiempo
Cuando la fundida tierra
indómita y virgen,
Te presentía en el candor de su trazo.

Al avizorar tu amanecer,
la imaginación prefigura esos avatares,
los cristales reflejan la inmensidad,
los imperios, caídos sol tras sol,
todos, son las lastimeras excusas de tu nacimiento.

viernes, 4 de julio de 2008

DESPUES DE LOS CIEN DIAS...

Son las diez y veinte de la mañana. Buenos Aires, despues del breve veranito de San Juan, no ha vuelto a ver el sol y la mañana se prolonga entre el vaho y el gris. La ventana desde mi cuarto trasluce la carretera que llega hasta la exquisita ciudad de La Plata, ornamentada por una columna de luces tenues y el rastro de los estertores cotidianos de los habitantes de esta ciudad. Estan de salida y migracion desde los suburbios hacia el centro.
Ignoro si en las proximas horas habra agitación y dudas y cacerolas exteriorizando la mezquina exaltación de Recoleta, Palermo o Nuñez. Espero que no.
Las oligarquías prosiguen firmes en America Latina; cuanto más se las niega más aumenta la impresión de que continuan allí, cincelando nuestras vidas y nuestro presente. El debate en las comisiones de Agricultura y Hacienda arroja, paradójicamente, luz y neblinosas contradicciones al respecto, como todo este marasmo.
He comprobado cabalmente que la mayor parte de esta contienda responde, a riesgo de paracer exagerado, a una pulsión profunda de la identidad argentina. Hay algunas cosas en juego; entre ellas la posibilidad de conocer inequívocamente los intereses y la ideología de los implicados, certeza que se nos ha negado de manera tan directa y explícita hasta ahora. La otra posibilidad es el planteo de un modelo de sociedad, de una dialéctica que nos habilite a conformar al final del camino una sociedad materialmente igualitaria y humana.
La segunda cuestión es dificil de concebir desde los partidarios del agro. Ayer Jorge Obeid gobernador de Santa Fé, disidente de la posición férrea del gobierno en relación a las retenciones móviles fue abucheado a la salida del recinto. La postura es clara: se hace lo que queremos o no estamos conformes. Aparecen, además, críticas hacia la burocracia y la corrupción estatal. Me hubiese gustado que estas mismas voces se hubieran alzado contra las expropiaciones de los años noventa, refulgor y apogeo del neoliberalismo, o en la lucha salarial de los sindicatos. Se habla de los medianos y pequeños productores y, a la par, de que las retenciones se cobran al momento del embarque de los productos pero nadie refiere la fijación de los precios, el traslado de las pérdidas (desde los mas grandes a los mas pequeños) y los sueldos de los trabajadores del campo y chacareros. Las disertaciones se dilatan y cada uno expresa alguna verdad ailada pero los opositores del gobierno asumen un papel peligroso, irresponsable en muchos casos y condescendiente con grupos de presión que nos han condenado, cruentamente, con dictaduras y demás manipulaciones, a ser únicamente un país productor de materias primas en favor de sus intereses, en detrimento del resto. Se critica el papel intervencionista del estado; segúramente para favorecer los excesos de los privados.
Una dialéctica implicaría que de un estado A pasemos a uno B, con las reminiscencias del estado anterior. Este proceso es el que se dirime en Argentina y en América Latina, con las simplificaciones del caso de esta entrada. Confiaría, luego, en la llegada a C pero resulta, entonces, imprescindible colaborar para que B sea posible, aunque este estado equivalga a una derrota aparente. Creo que los ruralistas, la oposicion y ciertos círculos de la sociedad Argentina pugnan por seguir en A. Lo que es indudable, es que una cierta irracionalidad se deduce de sus pareceres, enfáticos, y corregidos por los asesores de prensa del señor De Angeli y compáñía (que cambió del "vamos a enseñarles a legislar" por "hay que procurar defender las instituciones como el Congreso").
En fin... son jornadas de luchas. Indicios no nos faltan por toda America del Sur; no obstante el faro de las Madres nos enseña el camino.
Acá en el sur el alba aun aguarda en el horizonte invisible, entreverado con el mar y el firmamento o, tal vez, entre nosotros apenas silente, escurridizo...
Ignoro si en las próximas horas tras la provisoria ratificación de la medida de las retenciones móviles habrá cacerolazos. Espero que no.

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