lunes, 10 de enero de 2011

Subte

Antes de unas breves vacaciones dejo este poema, reminiscencia de otros y espejo de tantos.

Nadie imaginó aquella tarde
el llanto penetrando los ojos cerrados,
Las manos aferrándose a la espalda,
Un dique arreciando el mar adentro.
Rigor de ausencia que me trae
El ruido ajeno del subte
Al bajar por la hondonada,
Los besos sobre los dedos dormidos,
Y la boca que se rehace
Mientras repaso su contorno,
Sobre el aliento impreso en el aire.

El tiempo es la mirada instantánea
De aquella mujer que pasa enfrente
Y no se detiene
Mientras aflora el sueño del héroe,
De otros destinos,
Que no sean uno,
Que no sean este.

Aguardo al mirar en el asiento contiguo
el desvelo de aquellos ojos
Que no fueron el enigma irresuelto,
Ni la inminencia de lo perdido.
Deseo hallarlos como antes
Con el gesto antiguo y triste,
Con la sospecha de los míos.

jueves, 6 de enero de 2011

De porque el tango muere y renace




Con mucha certeza se ha dicho que un poeta observa y que la impresión sensorial proviene de la comprobación cierta que derivamos de la experiencia.
Uno de los períodos de mayor auge de la industria cultural argentina, entre la década del treinta y mediados del cincuenta, es también la de mayor esplendor literario y conceptual del tango cantado. En gran medida porque obedecía a un impulso conjunto que usufructuaba la retracción de las industrias latinoamericanas y la española, devastada por la guerra civil. Era el tango configurado por la poética de la queja de los infaustos años de la década infame. El signo de los derrotados. Y pese a su voluptuosidad material se recortaba en torno a unas pocas y dolientes diatribas. Sin embargo, no es posible soslayar el carácter memorable de un corpus que además de su envidiable vastedad y solidez estética, cifraba los avatares de la vida y los infortunios porteños, siendo ya el umbral de su decadencia. Hoy el tango se halla inmerso en el mismo destino circular de la vida argentina en particular y latinoamericana, en general.

En su Historia del tango, Borges desdeñaba el tango cantado y el correcto declive de las composiciones de Discépolo hacia mitad de los años cuarenta; signo inequívoco del desaliento, el pasaje de ese tango alegre, casi furibundo, como un infante inocente, al quejoso y desengañado de bien avanzado el siglo veinte. Cabe decir que aquel fue sin dudas y pese a esta previsión, el más prolífico, cuya sustancia forjó todas las referencias posteriores. Pero a su vez era un inquietante síntoma de degradación.

El tango, como todo género, muere cuando procede a la autorreferencia, y la repetición acartonada, recurrente en letra y música, de los llamados clásicos. En definitiva, el procedimiento consta de una mención constante de viejas autoridades que se resisten a dejar el género y lo encierran en ese avatar circular. Detalle a la vez moderador de nuestro tiempo caracterizado por la viciosa repetición de anomalías por destino o por gracia. Ciertas incursiones actuales están atrapadas en esta ambigüedad aun cuando proceden a esquivarlas con algunas travesuras simpáticas.

Acho Estol, por citar el ejemplo clave de esta nota, rememora en ocasiones algunas figuras que aun prefiguran y delimitan la capacidad del género para designar sus personajes en la pintura costumbrista de una Buenos Aires anacrónica. Estol apunta al beodo, jugador y atolondrado; y aun esa generalidad que invoca, es aceptable en un periodo de transición en que las referencias aun perviven pero heridas de muerte.

Busco ahora un ejemplo típico para ilustrar esta patología del tango. Hoy ya nadie creería en la capacidad de una mujer que, conservando sus rasgos femeninos, se hace pasar por hombre, simplemente por cortarse el pelo a la manera de las heroínas de Shakespare. Esto es un indicio literario de que el entorno referido ha dejado de existir con los pormenores específicos que se le atribuyen. Si bien el carácter general de la estratagema continúa un tanto vigente en cuanto la cultura no ha mudado drásticamente sus formas y otro tanto por lo que apuntó Raymond Williams acerca de ciertos elementos tradicionales coexistentes con los nóveles motivos de una cultura, es posible intuir que esa ingenua recepción ha perdido su primacía.

Veamos ahora un ejemplo: Y el cafisho donde estaba cuando caíste en desgracia, una de las tantas líneas de Estol que mantienen esta afección transitiva de anclaje en el pasado. Otras directamente caen en el más sincero y concreto anacronismo Me contó del tío gaucho que a facón perdió una mano, y en una caja dorada seguramente estaba la mano. Sin mencionar el viaje astral que habla de carros, caballos y de la pampa redonda del siglo XIX. Pero en realidad Acho remilga con su incursión en un lenguaje que intenta aferrarse desesperadamente a los clásicos del tango y los entremezcla con ciertas imágenes que se presumen contemporáneas o a, lo sumo, exentas de tan drásticas variaciones. Como efecto suplementario, Estol rescata esos viejos espectros del tango de una Buenos Aires reducida a círculos de estudiosos del lunfardo, los únicos capaces de seguirle el tranco. Esta divergencia, de hecho, la compensa con la astucia de redefinir circunstancias de más ardua caducidad, preguntas o interrogantes que reintroduce y revuelve y que algunos pasajes memorables de sus composiciones, incluso en aquellas en los que para Acho el ayer es hoy o mañana, acaban por redimir.

La objeción hacia Estol es por tanto gramatical; aunque no baste para disimular sus muchos aciertos, la sintomatología que invoca un universo que apenas perdura en el imaginario popular, continua allí. Las figuras que remontan las letras de Acho son viejas piezas de un museo visitado por letrados extranjeros y por eruditos o nostálgicos locales que rememoran el sainete del Río de la Plata adoctrinado por la fonola.

Las mismas influencias de Estol hablan de eso. Pero, a su vez, irrumpe más allá de las variaciones del género. Esta impresión no es, asimismo, tan clara. La modulación permite, por cierto, pensar en juegos gramaticales afortunados que terminan chocando con las exigencias de brevedad populista del tango.

Cito otro ejemplo. En ayer hoy era mañana (reminiscencia agustiniana) Estol escribe: La revolución se postergó y no dije nada/ me dejaron una nota en la mesada/ la molotov es un florero en la ventana/ y la ventana nos obliga a mirar/ y la mirada nos obliga a pensar/ y el pensamiento nos obliga a preguntar/ y la pregunta no se puede contestar/ y ya me dicen estas loco/ que el futuro va a llegar pero no llega… El hilvanamiento de anáforas conlleva una serie cuya culminación registra la indeleble inquietud acerca de la naturaleza del tiempo. Lo afortunado de la variación es el tono y su pretendida huida del lugar común, tentador a la hora de valorar el carácter fugaz de lo temporal, poniendo el foco desde la ausencia o el desengaño. Acho no cede a esas holganzas, sitúa el valor del procedimiento visceral de encadenamiento anafórico con una sucesión cuyo objeto es dejar la constancia de la inquisición o conmoción inicial: ¿Qué es el tiempo? ¿Dónde estuvo? ¿Dónde está?

El tiempo como caos subjetivo retorna en Tiempo Astral donde el protagonista se desliza desde las estacas que lo mantienen a merced de los caranchos en el desierto pampeano al paisaje actual de la ciudad.

El registro amoroso, en cambio, es mas claro y mas extraño. Salvo en ella se fue, Estol presenta las andanzas de unos ojos que no duran demasiado. No recurre a ojos como soles para referir los de fulana que quiero que me miren, con quien quiero estar siempre. Los ojos de Estol irrumpen con su gesto alienado, huidizo, no grave. La mirada ajena tiene como destino el desengaño. Pero no como ligero presagio, inevitable compulsión de lo que en nuestra biografía es histórico, y por tanto voluble y cambiante, sino como regla indeclinable de esa extrañeza. Confieso que desde lo estético este rasgo particular me causa un superlativo agrado (la cabalidad de esa convicción siempre es mas dolorosa en la carne y los huesos).

En los tres ejes en que Estol modera la caducidad de las figuras tradicionales del tango, revalidando o justificando viejos pares de metáforas, brota una furibunda y alegre angustia. Para esas letras el universo es un rasgo fatal pero dichoso. Y así completa una síntesis acuciante para la persistencia del género. Una esplendida síntesis entre el relincho fatídico de Discepolo y la astucia dicharachera de aquellas primeras piezas.

Siempre cupo suponer que el firme entusiasmo inicial del tango no le bastaba a sus temas. Tampoco la acumulación ingrata del genio resentido. Uno de los promotores, acaso no el único, de la articulación y convivencia entre ambos es Acho. Tal vez no sea suficiente pero ya es un alivio y una promesa.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Comunicación popular y universidad

Tomando como base una experiencia realizada en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, Sol Benavente y Santiago Castellano aportan testimonios y reflexionan sobre la responsabilidad de la universidad pública ante la nueva ley de SCA y los espacios que se abren a las organizaciones sociales.

Por Sol Benavente y Santiago Castellano *

La Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual 26.522 ha instalado un debate en la agenda pública sobre la concentración de medios, que permite a las organizaciones sociales visualizar nuevos desafíos y demandas comunicacionales que la Universidad Pública tiene la voluntad de responder.

“Estamos evaluando la posibilidad de montar una radio, necesitamos saber cuál es el presupuesto que se necesita, la programación mínima, el lugar físico necesario”, afirman los referentes de la Asociación Civil Aguafuertes de la Comuna 7 de Flores; por su parte, desde el Centro Juvenil y Cultural El Telar, de Moreno, enfatizan: “Queremos encarar un proyecto radial con jóvenes y queremos hacernos de insumos para apoyarlos”.

Así como a raíz de la crisis de 2001 las organizaciones asumieron la responsabilidad de dar respuesta a las necesidades extremas de los sectores más vulnerables, hoy, con un país fortalecido y en constante crecimiento, las urgencias ceden lugar a nuevas acciones y emprendimientos que constituyen a su vez una oportunidad para las organizaciones para reflexionar, fortalecerse y crecer.

De este modo, la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA convocó en diciembre a los Cursos y Talleres de Comunicación Popular, organizados por la Secretaría de Extensión Universitaria (SEU) y la Carrera de Ciencias de la Comunicación, que la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (Afsca) dictó como cierre de las jornadas realizadas en Universidades Nacionales durante la segunda parte del año. Participaron más de cien miembros de medios comunitarios y organizaciones de la sociedad civil (OSC), entre los que se encontraban escuelas, centros de salud, gobiernos municipales, sindicatos y agrupaciones políticas de la Capital y Gran Buenos Aires, así como organizaciones del interior de la provincia y de La Pampa, dando cuenta del interés de numerosos miembros de la sociedad civil ante el nuevo escenario mediático.

Oscar Magarola, titular del Taller Anual de la Orientación (TAO) en Comunicación Comunitaria de la UBA, asegura que aún no está instalada en las organizaciones de la sociedad civil la cuestión de la comunicación como un factor clave para la sustentabilidad y el desarrollo de sus proyectos. “Es preciso que la planificación de diversas estrategias de comunicación interna y externa sean regulares y frecuentes, para lo que es necesario que exista un acompañamiento, capacitación y monitoreo en las organizaciones, a fin de que las mismas instituyan prácticas comunicacionales. A su vez, resulta fundamental clarificar de qué hablamos cuando nos referimos a la ‘participación’, tanto en la discusión interna de las organizaciones, como en su relación con la comunidad, el Estado y otros actores, ya que esto llevará a repensar los horizontes, acuerdos y formas de sustentabilidad de las mismas.”

Gustavo Bulla, director nacional de Supervisión y Evaluación del Afsca, destaca los puntos que la nueva ley plantea como oportunidades para las organizaciones y los medios comunitarios: el Estado reserva un 33 por ciento del espectro radioeléctrico para las mismas, plantea cuotas de producción nacional de contenidos, federaliza la comunicación impidiendo formas de concentración mediática y habilita la participación ciudadana a través de audiencias públicas para la renovación de licencias. “Esto le da sentido a la frase ‘las frecuencias son de todos nosotros’”, afirma.

Por su parte, Alejandro Verano, director de Radio y Televisión Argentina, destaca la importancia de fomentar encuentros en los que la Universidad puede aportar a las organizaciones toda la experiencia y conocimientos construidos a lo largo de años en las carreras de Comunicación del país, y manifiesta “la necesidad de reestructurar la matriz de producción comunicacional, a través de nuevos contenidos, con nuevos formatos y estéticas, que surjan desde el trabajo de las organizaciones y medios populares, junto con el cambio cultural necesario que es el desafío mayor a asumir en el campo mediático”.

Julio Ojeda, del Centro Comunitario Km.45 y Comedor Vida, de La Matanza, comenta: “Me interesa a futuro profundizar el conocimiento sobre la reglamentación de la Ley, ya que es una oportunidad única para conseguir una pluralidad de voces”.

“Estas jornadas fueron el primer paso de un proyecto a largo plazo, que nuestra Secretaría desarrollará a partir de 2011, a través del Programa de Comunicación Popular de la Facultad de Ciencias Sociales, mediante líneas de acción en cuatro áreas: Formación continua, Asistencia técnica, Fortalecimiento institucional y Asistencia financiera, para darles sustentabilidad a los proyectos en las organizaciones”, asegura Alejandro Enrique, secretario de la SEU de Sociales.

* SEU Facultad de Ciencias Sociales UBA.


Fuente: Página 12. 29/12/2010

Nuestros visitantes

Estadisticas y contadores web gratis
Estadisticas Gratis